La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Evangelio para niños del Domingo XXII del T.O. 31 de Agosto de 2014


22agosto2011

Campaña COMPARTIR 2014 será contra la trata de personas (Colecta pública 29 y 31 Agosto)


Campaña Compartir 2014

El viernes 19 de mayo se realizó el lanzamiento de la Campaña de Solidaridad “Compartir” 2014, que tiene como tema central la lucha contra el tráfico y la trata de personas. Una realidad creciente en nuestro país, que afecta a miles de personas, especialmente, mujeres, adolescentes, niños y niñas.

La presentación de la campaña, se realizó a través de un foro público titulado: “Solidaridad con la vida y la dignidad de las personas”, organizado por la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Peruana y el equipo organizador de la campaña “Compartir”.

El evento contó con la presencia de destacados ponentes. Ricardo Valdéz de Capital Humano y Social Alternativo expuso sobre la situación actual de la trata de personas en el Perú y sobre los desafíos para una sociedad sin este flagelo.

También se realizó un panel en el que participaron Claudio Bonatto, Coordinador de Proyectos de Explotación Sexual de Save the Children, la psicóloga Cecilia Vilchez de la Casa de acogida Santa María Micaela y la Dra. Rosario López Wong, Fiscal Superior Titular y Coordinador dela Unidad Central de Asistencia a Víctimas y testigos. Todos ellos coincidieron en la necesidad de acciones conjuntas de todos los actores sociales y el Estado para trabajar en la prevención, atención y asistencia a las víctimas de este delito.

Como parte final del evento se presentó el spot de televisión de la campaña que será trasmitido en diversos medios de comunicación con el fin de sensibilizar a la población sobre esta forma de esclavitud contemporánea que atenta contra la dignidad del ser humano.

Las donaciones se realizan en el BANCO DE CRÉDITO:

Cta. Cte. Soles Nº 193-0691233-0-50

Cta. Cte. Dólares Nº 193-0730120-1-59

Fuente: caritas.org.pe

SAN AUGUSTÍN DE HIPONA


San Agustín de Hipona (354-430), es el más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental, nació en el año 354 en Tagaste (Argelia actual).

Sus padre, Patricio, un pagano de cierta estación social acomodada, que luego de una larga y virulenta resistencia a la fe, hacia el final de su vida se convierte al cristianismo. Mónica, su madre, natural de África, era una devota cristiana, nacida a padres cristianos. Al enviudar, se consagró totalmente a la conversión de su hijo Agustín. Lo primero que enseñó a su hijo Agustín fue a orar, pero luego de verle gozar de esas santas lecciones sufrió al ver como iba apartándose de la Verdad hasta que su espíritu se infectó con los errores maniqueos y, su corazón, con las costumbres de la disoluta Roma.”Noche y día oraba y gemía con más lágrimas que las que otras madres derramarían junto al féretro de sus hijos”, escribiría después Agustín en sus admirables Confesiones. Pero Dios no podía consentir se perdiese para siempre un hijo de tantas lágrimas. Mónica murió en Ostia, puerto de Roma, el año de 387, asistida por su hijo.

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COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY 28-08-14 (San Mateo 24,42-51)


“USTEDES TAMBIÉN ESTÉN PREPARADOS”

“Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”. Estas palabras me recuerdan la última llamada, que llegará en el momento en el que quiera el Señor. Deseo seguirle y deseo que todo lo que forma parte de mi vida terrena me prepare para ese momento. No sé cuándo llegará, pero al igual que todo, pongo también ese momento en las manos de la Madre de mi Maestro: “Totus tuus”. En estas mismas manos maternales lo dejo todo y a todos aquellos a los que me ha unido mi vida y mi vocación. En estas manos dejo sobre todo a la Iglesia, así como a mi nación y a toda la humanidad. Doy las gracias a todos. A todos les pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad e indignidad. (6/3/1979) [...]

Todos debemos tener presente la perspectiva de la muerte. Y debemos estar dispuestos a presentarnos ante el Señor y Juez, y simultáneamente Redentor y Padre. Por eso, yo también tengo presente esto continuamente, encomendando ese momento decisivo a la Madre de Cristo y de la Iglesia, a la Madre de mi esperanza. [...]

Una vez más, deseo encomendarme totalmente a la gracia del Señor. Él mismo decidirá cuándo y cómo tengo que terminar mi vida terrena y el ministerio pastoral. En la vida y en la muerte “Totus Tuus”, mediante la Inmaculada. Aceptando ya desde ahora esa muerte, espero que Cristo me dé la gracia para el último paso, es decir, la Pascua (mía). Espero que también la haga útil para esta causa más importante a la que trato de servir: la salvación de los hombres, la salvaguarda de la familia humana y, en ella, de todas las naciones y pueblos (entre ellos, me dirijo también de manera particular a mi patria terrena); que sea útil para las personas que de manera particular me ha confiado, para la Iglesia, para la gloria del mismo Dios. (1/3/80).

San Juan Pablo II (1920-2005)

Papa

Testamento (trad.  © copyright Libreria Editrice Vaticana)

FUENTE: http://evangeliodeldia.org

EVANGELIO DEL DOMINGO 22º Ordinario, 31 de Agosto de 2014


Mateo 16,21-27

A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades judías, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley lo iban a hacer sufrir mucho, que incluso debía ser ejecutado y que resucitaría al tercer día. Pedro lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas.»Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.» Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo? Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

En un momento crucial, cuando Jesús acaba de obtener de sus discípulos la primera profesión de fe en su divinidad, el Señor anuncia por primera vez a sus testigos su pasión, muerte y resurrección. El mesianismo que soñaba Pedro y los discípulos  no contemplaba lo que Jesús les va a decir: “Empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por causa de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día”. Al glorioso papel del Mesías, une el, doloroso papel del Siervo sufriente. El verdadero Mesías es éste. Es Jesús mismo quien explica quién es Él. Sólo Él conoce su propio misterio, su verdadera identidad. Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús porque su pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación.

Este anuncio siembra el desconcierto en los discípulos, la decepción y el rechazo. Ni siquiera el anuncio de la resurrección les tranquiliza. Y es el apóstol Pedro el que lo manifiesta en nombre de todos. “Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo. ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no te puede pasar”. En la mentalidad de san Pedro no cabe la idea del fracaso de Jesús. Para él Jesús es un Mesías victorioso por la fuerza humana, que debe ser reconocido por todos. Su misión no puede acabar con la muerte. No había entendido todavía que el Señor debía sufrir y morir.

Sabemos y vemos que también hoy,  nosotros los cristianos, llevamos aparte al Señor para decirle: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no te puede pasar.” Y como dudamos de que Dios lo quiera impedir, tratamos de evitarlo nosotros mismos con todas nuestras fuerzas. Nuestro problema es que seguimos pensando según los criterios de este mundo y no según Dios.

“Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Jesús dirige a Pedro las palabras más duras del evangelio, semejantes a las usadas para expulsar a los demonios, las más duras que se puedan decir a un hombre. Pedro se convierte en tropiezo, en obstáculo, en tentación, como si asumiera el papel de Satanás, porque quiere alejarle de su pasión. Le quedaba mucho por madurar. Todavía su pensamiento era muy mundano. Por eso, el Señor le increpa y le invita a tomar la actitud del verdadero discípulo: seguir al Maestro en el camino que éste ha de recorrer. Leer más de esta entrada

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