Evangelio del Domingo 3º de Cuaresma, 7 de marzo de 2010
Lucas 13, 1-9
En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
El les respondió: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”.
Les dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’. Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás’”.
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Catequesis Dominical,
sobre las lecturas litúrgicas del domingo
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Comentario
Por Mons. Rafael Escudero López-Brea
Obispo prelado de Moyobamba
El evangelio de este domingo es el evangelio de la verdadera interpretación de los acontecimientos humanos y de los desastres naturales, en definitiva de los signos de los tiempos.
“Se presentaron algunos a contar a Jesús”.
Algunos cuentan al Señor dos sucesos, uno la represión política llevada a cabo por Pilato contra la revuelta de los zelotes que pretendía derribar el poder romano; el otro es un accidente fortuito, se desplomó la torre de Siloé y mató a dieciocho personas. Le piden al Señor una interpretación fidedigna. Estos dos hechos trágicos sirvieron a Jesús para iluminar un problema teológico: el del castigo de Dios a los pecadores, ya en este mundo.
“Si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”.
Todo lo que acontece lleva un mensaje de Dios, que sólo podemos descifrar desde la visión de la fe. En cada acontecimiento el Señor nos llama a la conversión. Una enfermedad, un fracaso, un problema laboral, un éxito, una alegría, una ilusión, un proyecto, un accidente, la muerte de un ser querido, un desastre natural… Todo es señal del Padre celestial.
A veces, como en tiempos de Jesús, también nosotros somos bastante ligeros a la hora de leer los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor, y pensamos que Dios castiga a los pecadores, a través de enfermedades, fracasos o catástrofes naturales, sin caer en la cuenta que también nosotros somos pecadores. Jesús aclara que las desgracias –sean naturales o provocadas por los hombres– no vienen necesariamente como castigo automático por los pecados de quienes las padecen; pero si nos avisan: todos somos pecadores, todos necesitamos convertirnos. Jesús da otra interpretación: las desgracias no son un castigo divino, sino una invitación a todos a la conversión del corazón, si no queremos perecer.
Estas advertencias de Jesús provienen de su amor y misericordia para con la humanidad. Advertirle a uno de un peligro es una forma principal de misericordia. Al llamarnos a la conversión, Cristo no sólo nos recuerda los bienes que nos va a traer la conversión, sino que nos abre los ojos ante los males que nos sobrevendrán si no nos convertimos. El amor apasionado que Jesús siente por nosotros le lleva a sacarnos de nuestro engaño.
“Un hombre tenía una higuera y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró”.
Cristo, para ilustrar la urgencia de la conversión, nos recuerda en la parábola de la higuera estéril, con una fuerza sorprendente, algo sumamente importante: tenemos el peligro de no convertirnos. La paciencia divina es ilimitada; pero nuestro tiempo tiene límite: hay que aprovechar este “ahora” para dar el fruto que corresponda al arrepentimiento. Lo mismo que su amo a la higuera, Dios nos ha cuidado con cariño y con mimo a lo largo de toda nuestra vida; más aún, actualmente está derramando abundantemente su gracia, pero ésta puede estar cayendo en vano, puede estar siendo rechazada y ser estéril en nosotros. ¿Soy una higuera estéril para Dios? ¿Encontrará Cristo frutos de conversión en nosotros?
«El viñador contestó: Señor, déjala todavía este año».
Aparece aquí la solicitud paciente y amorosa de Jesús, la intercesión de Cristo, el divino viñador, por nosotros ante el Padre. Como intercesor nuestro dirá hasta el final de los tiempos: “Espera un poco, un poco todavía que los cuidaré más”. La parábola sugiere también que este año puede ser el último de nuestra vida en la tierra. Puede no haber ya para nosotros más oportunidades de gracia. La conversión es urgente, de ahora mismo. Y retrasarla para otro año, para otra ocasión, es una manera de cerrarse a Cristo, de darle largas… Hay tantas maneras de decir “no”… Pero Jesús deja la puerta abierta a la esperanza y suplica al Padre sea concedido un año de gracia y perdón, confiando en que nuestra esterilidad se convierta en abundante cosecha de buenos frutos, añorados por Él desde hace mucho tiempo.






















Lo que más me ha gustado, Monseñor:
- “El evangelio de este domingo es el evangelio de la verdadera interpretación de los acontecimientos humanos y de los desastres naturales”. Deberíamos recurrir más a Él para intentar que la gente entienda la manera de actuar de Dios.
- “las desgracias –sean naturales o provocadas por los hombres– no vienen necesariamente como castigo automático por los pecados de quienes las padecen; pero si nos avisan”. Es lo que también se ha llamado a veces “la mano izquierad de Dios” en el sentido de que no lo quiere directamente (mano derecha) pero lo permite para darnos un mensaje o para sacar un bien mayor que nosotros no entendemos ahora.
-”Al llamarnos a la conversión, Cristo no sólo nos recuerda los bienes que nos va a traer la conversión, sino que nos abre los ojos ante los males que nos sobrevendrán si no nos convertimos. El amor apasionado que Jesús siente por nosotros le lleva a sacarnos de nuestro engaño”. El amor de Cristo nos abre los ojos. El amor siempre unido a la verdad.
-”La paciencia divina es ilimitada; pero nuestro tiempo tiene límite”. Decía San Agustín que Dios tiene tanta paciencia porque es eterno.
-”Hay tantas maneras de decir “no”… Pero Jesús deja la puerta abierta a la esperanza y suplica al Padre “. Después de advertirnos el Señor siempre acaba como su homilía, con una puerta abierta a la esperanza y con la seguridad de la intercesión de Jesús por nosotros.
Muchas gracias, Monseñor Rafael. Un abrazo desde España.
Justo, un comentario de un compañero de labores que es de una Iglesia Evangelica, acerca de los desastres naturales del Sur de America…me decia el Señor es misericordioso y castiga a la gente que cree que lo tiene todo…….para comenzar todos somos pecadores,nuestras mentes tienen temor al castigo por nuestras faltas de parte de Dios, como por la educación que hemos recibido en nuestra niñez. Y le dije….que hiciste en tus años mozos cuando te drogabas y bebias abundante alcohol….mientras yo oraba, y temia de Dios….pero me dijo Dios me recibe en cualquier momento…..NO esperes eso…HOY comienza, tu cambio..no esperes llegar arrepentido….se el higo, 1,2,3….100 que espera el viñero anda al encuentro del señor….
No cabe duda que todos los seres humanos, ya sea por instinto o por la ley natural que Dios puso en nuestras mentes tenemos miedo al castigo por nuestras faltas con Dios, quizás también por la educación que hemos recibido en nuestra niñez. Lo cierto es que Dios además de misericordioso es también justo y pide el fruto de nuestras vidas. A pesar de todas las conjeturas, ya sean teológicas o simplemente de dedución analítica, está el misterio sobre lo que nosotros vemos como castigos a la humanidad, ya sean a través de enfermedades incurables o desastres naturales, no obstante lo que sí es cierto que todos somos merecedores de tales advertencias, pues todos necesitamos la conversión, aunque es más fácil mirar para otro lado y cuando no nos toca la desgracia, pensar que somos mejores, en vez de pensar que debemos cuidar de esa huiguera personal para que dé el fruto que Dios espera.
Me ha sido bastante util el comentario, me da mucho para reflexionar lo importante que es en mi vida el cambiar, sobre todo con mi paciencia, el aceptar a mi prójimo con sus limitaciones, amar al que me destruye, dejar la vida aburgesada en que me encuentro y palpar las carencias y no tenerle miedo, salir de este Egipto en que me encuentro.
Dios los bendiga