La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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EVANGELIO DEL DOMINGO 21º Ordinario, 24 de agosto de 2014


Mateo 16,13-20

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Jesús conversa con  sus discípulos sobre la opinión que la gente y ellos mismos tienen de Él y va a recibir la declaración de Pedro.

Del trato amistoso del Señor con sus discípulos surgieron preguntas: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”. Puede haber un conocimiento externo de Jesús, que es insuficiente para creer en Él, amarle, seguirle…

Ellos contestaron: Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros, Jeremías o uno de los  profetas”. Las opiniones de la “gente” tienen en común que sitúan a Jesús en la categoría de los profetas, son aproximaciones al misterio de Jesús, pero no llegan a la verdadera naturaleza de Jesús. Se aproximan a Él desde el pasado, no desde su ser mismo. Se trata de un conocimiento que no lleva a una relación personal con Él ni a un compromiso de vida definitivo. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 20º Ordinario, 17 de Agosto de 2014


Mateo 15,21-28

Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.» Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.» Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.» Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.» «Sí, Señor – repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.» Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

El Señor siempre responde con generosidad a quienes acuden a Él con sencillez, con humildad, con fe, reconociendo su personal pobreza y la seguridad en la fuerza misericordiosa de Dios.

“En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón”.

Jesús pasa una frontera. Su ministerio se extiende a una tierra pagana, porque vino a extender a todas las naciones la Alianza reservada hasta aquí a Israel.

“Entonces una mujer cananea procedente de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo”.

Una mujer venida de Canaán, la tierra de los ídolos, el corazón de la corrupción para un judío, acude a Jesús para que cure a su hija. Jesús escucha el grito desesperado de esa mujer. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 19º Ordinario, 10 de agosto de 2014


Mateo 14,22-33

Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo. La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra y las olas la golpeaban duramente, pues soplaba el viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. En seguida Jesús les dijo: «Ánimo, no teman, que soy yo.» Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.» «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.  Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame». En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». Subieron a la barca y cesó el viento, y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!».

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

El milagro de la tempestad calmada abre los ojos de los discípulos ante la omnipotencia de Jesús.

“En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús ordenó a sus discípulos que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente”. La gente, maravillada por el milagro, quiso arrastrar a Jesús a una aventura política: proclamarle rey. El Señor, que conoce bien a sus discípulos, tan partidarios de un mesianismo temporal, les ordena que se alejen de allí y partan a la otra orilla. Jesús en su pedagogía para formar a los discípulos se sirve del lado de Genesaret, el lago del riesgo y de la vida. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 18º Ordinario, 03 de Agosto de 2014


Mateo 14,13-21

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para esta a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Al desembarcar Jesús y encontrarse con tan gran gentío, sintió compasión de ellos y sanó a sus enfermos. Cuando ya caía la tarde, sus discípulos se le acercaron, diciendo: «Estamos en un lugar despoblado y ya ha pasado la hora. Despide a esta gente para que se vayan a las aldeas y se compren algo de comer.» Pero Jesús les dijo: «No tienen por qué irse; denles ustedes de comer.» Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y mandó a la gente que se sentara en el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los entregó a los discípulos. Y los discípulos los daban a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

El evangelio de este domingo nos presenta el relato de la multiplicación de los panes y los peces por parte de Jesús. Siempre nos sorprende.

“En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en una barca, a un sitio tranquilo y apartado”.

En Galilea por cualquier sitio donde andará se encontraba con multitud de gente porque aquella región era muy densamente poblada. Pero atravesando el lago, en la barca de Pedro o en la de Juan y Santiago, podía encontrarse en una región sumamente solitaria y tranquila. Aquella soledad les podía servir de descanso para El y sus discípulos, porque en Cafarnaúm la gente no les dejaba tiempo ni para comer.

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Mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana por Fiestas Patrias‏


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Conferencia Episcopal Peruana

 

POR UN PERÚ CONSTRUCTOR DE ESPERANZA

MENSAJE DE FIESTAS PATRIAS 2014

Al celebrar este 28 de julio, el 193º aniversario de la Proclamación de la Independencia de nuestra nación, deseo saludar a todos los hombres y mujeres del vasto territorio nacional, que con empeño, sacrificio y dedicación, forjan día a día un futuro digno para ellos, para sus familias y por lo tanto para el País.

La grandeza del Perú está hecha por el trabajo anónimo de miles de peruanos, así como por las grandes hazañas de sus héroes. Por eso, en esta fecha recordamos junto con el diario sacrificio del humilde campesino y del valiente emprendedor, el sacrificio de quienes escribieron las páginas más sublimes de la historia de nuestro Perú: Miguel Grau, Francisco Bolognesi, José Abelardo Quiñonez, Micaela Bastidas, Alfonso Ugarte y muchos otros peruanos y peruanas que dieron su vida por el país, para que su ejemplo se mantenga vivo en todos nosotros, sobre todo en las nuevas generaciones.

Hoy en día, los peruanos seguimos librando una nueva batalla contra el egoísmo, el hedonismo y el relativismo, que menoscaba nuestra identidad como peruanos, destruye la imagen natural y bíblica de la familia, célula básica de la sociedad; amenaza el matrimonio como un sacramento entre un hombre y una mujer; y extiende su amenaza contra vida de peruanos indefensos que se forman en el vientre materno. Nuestros grandes héroes no se hicieron grandes por un solo momento de heroísmo, ellos fueron héroes en lo cotidiano, respondiendo con fidelidad a su conciencia, defendiendo los valores inalienables del hombre, sosteniendo la estructura de la sociedad desde la familia, condición sin la cual la estructura social es frágil y se empobrece.

No podemos olvidar, sin embargo, que nuestro Perú vive un momento privilegiado en su historia que abre la ventana de la esperanza a los horizontes del primer mundo. La riqueza de nuestros recursos naturales, la belleza de nuestra geografía y sobretodo la calidad de sus hijos e hijas, son el mejor potencial, que bien guiado, nos dará la alegría de ver cumplido el anhelo de ver la pobreza superada, la violencia vencida y nuestras calles bendecidas por la paz. Los desafíos que hoy retan el compromiso de nuestras autoridades y de todos los peruanos, los podremos superar con el aprecio mutuo entre todos los ciudadanos, alejándonos de todo tipo de discriminación; con el respeto reverente a nuestras sanas tradiciones, que guardan nuestra peruanidad y con el compromiso sincero de cada peruano para alcanzar, la honestidad, la transparencia, la justicia y la paz.

Que el Señor de los Milagros, por la intercesión de Nuestra Señora de la Merced, y de los santos peruanos, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, derrame sus bendiciones en cada uno de ustedes y en cada hogar peruano de todo el territorio nacional y de los compatriotas que viven en el extranjero.

¡¡Felices Fiestas Patrias. Viva el Perú!!

Lima, 25 de julio de 2014

+ Salvador Piñeiro García Calderón

Arzobispo de Ayacucho

Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana

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