Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

[Blog Católico] Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola


f041ec0d-9f9a-4268-b8c0-0f1a2a47ad8bLos Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola son meditaciones, oraciones y ejercicios mentales diseñados para ser realizados por un período de 28 a 30 días. Ha sido escritos con la intención de aumentar la experiencia personal de la fe católica. El mismo San Ignacio los define: Porque en los Ejercicios Espirituales está condensada la experiencia vital de Ignacio de Loyola. Convertida en un método espiritual  nos ayuda a cada uno personalmente a “buscar y hallar la voluntad de Dios» en nuestras vidas”.

San Ignacio los describe así: «todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, por la misma manera, todo modo de preparar y disponer el ánima…». Correr, caminar, nadar… son cosas muy distintas si sólo las miramos. Lo mismo ocurre con los Ejercicios «Espirituales»: no son para «mirar», sino para «hacerse». Tampoco son un tiempo de estudio. Son una actividad a veces fácil y gratificante; otras será una actividad que exigirá paciencia, constancia y fidelidad por encima de las Escrituras pueda guiarnos. No es una meditación meramente intelectual, sino una búsqueda de la «familiaridad con Dios nuestro Señor», que es quien nos guía. A través de la lectura de la Palabra de Dios, meditamos, contemplamos, oramos, examinamos… de modo que «el mismo Criador se comunique al alma».

Quien hace los Ejercicios se encuentra todo el día orando, con toda conciencia y según cada momento, con todo tipo de oraciones, vocales tradicionales o espontáneas, oraciones «mentales» (la meditación y la contemplación), plegarias litúrgicas… hay que involucrar también el cuerpo, eligiendo la postura más adecuada o el lugar más idóneo, descubriendo la necesidad de una preparación antes de entrar en oración.

Asimismo, se proponen unas etapas de este recorrido que deben seguirse fielmente: no es un trabajo caprichoso, sino que posee un «modo y orden».San Ignacio habla también de «examinar la conciencia», o reflexionar sobre la propia interioridad ante lo que vive, se puede hacer de diversas maneras: el examen de la propia vida inmediatamente vivida, el examen de la oración, y también el examen de conciencia con una finalidad penitencial. También se propone un examen particular para revisar algún punto cuya atención ayude a hacer mejor los Ejercicios. Todavía existen «otras espirituales operaciones». Hallamos sobre todo dos: la lectura, y la penitencia.  En cualquier caso, no se trata de largas lecturas que invadan o priven del momento de oración, sino de «pausas» que nos mantienen en el tono interior de todo el día. También la penitencia acompaña la intensidad del proceso de hacer los Ejercicios. El cuerpo se hace presente en el dominio de la risa, de la mirada; en el ayuno, en el dormir. Se busca controlar «la sensualidad para que ésta obedezca a la razón». Lo que está en el fondo de todas estas «recomendaciones» es que es la persona entera la que va a participar de la transformación que producen los Ejercicios. Cuantos más elementos personales se pongan en juego, mayores y mejores serán los frutos.

Feliz Cumpleaños Sacerdote para siempre!

Evangelio del Domingo XX del Tiempo Ordinario, 19 de Agosto de 2018


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San Juan 6,51-58

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”.

Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Jesús predica en la sinagoga de Cafarnaúm. En una de sus muchas discusiones con los fariseos ha dicho una frase misteriosa:“Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo”. El pan del que Jesús habla es más que un pan material, es más que un simple mensaje espiritual, es más que una idea. Es una persona, Jesucristo mismo, que viene de Dios y que se convierte en alimento que da la vida al mundo. Porque Dios nos ama hasta el punto de dejarse comer por nosotros. Jesús precisa que no está hablando en forma metafórica, que Él es verdaderamente pan y que el que quiera salvarse tendrá que comer su carne.

En la comunión eucarística los fieles recibimos el pan del cielo y el cáliz de la salvación, el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entregó para la vida del mundo.

“Porque este pan y este vino han sido, según la expresión antigua “eucaristizados”, llamamos a este alimento Eucaristía y nadie puede tomar parte en él si no cree en la verdad de lo que se enseña entre nosotros, si no ha recibido el baño para el perdón de los pecados y el nuevo nacimiento, y si no vive según los preceptos de Cristo” (San Justino).

Ante estas afirmaciones se escandalizan los judíos: “Discutían entre sí los judíos y decían: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

 El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: Jesús les dijo: “En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes”Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede acercarse a él humildemente y con fe ardiente. Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los fieles debemos observar el ayuno prescrito por la Iglesia. Por la actitud corporal, gestos, vestido,  se manifiesta el respeto, la solemnidad, el gozo de ese momento en que Cristo se hace nuestro huésped.

Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo. La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico. Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser alimentado por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte.

El Cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión nos purifica al mismo tiempo de los pecados cometidos y nos preserva de futuros pecados.

Comenta San Ambrosio: “Si cada vez que su Sangre es derramada, lo es para el perdón de los pecados, debo recibirle siempre, para que siempre me perdone los pecados. Yo que peco siempre, debo tener siempre un remedio”.

Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales. Dándose a nosotros, Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas y de arraigarnos en Él.

Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales. Cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más difícil se nos hará romper con Él por el pecado mortal.

Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos: “Has gustado la sangre del Señor y no reconoces a tu hermano. Deshonras esta mesa, no juzgando digno de compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno de participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aún así, no te has hecho más misericordioso” (S. Juan Crisóstomo).

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día”. Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona. A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece la Eucaristía como viático. Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección. Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre.

Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en Él y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre. ¿Cuándo? Sin duda al fin del mundo. La resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo: «El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar» (1 Ts 4, 16).

“Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”.

 Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida; les reveló el Misterio del Reino; les dio parte en su misión, en su alegría y en sus sufrimientos. Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre Él y los que le sigan.  Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: “El que coma mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él”. La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús.

 La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: “Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí”.

“Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres, y murieron: el que coma este pan vivirá para siempre”. Jesús menciona el objetivo de su encarnación, ser alimento para nosotros por su sacrificio en la cruz.El maná les alimentaba por un momento, pero no les daba la inmortalidad.La presencia de Cristo actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da la vida eterna.

«El pan que hemos de buscar es que la Virgen María parió en Belén. ‘Venid que yo os tengo a Dios humanado; ya os lo traigo hecho hombre blando. Venid que no lo quiero para mi sola, sino para todos’. Como un ama, cuando un niño no puede comer el pan, se lo moja en leche, para que esté blando y lo pueda comer, así la Virgen recibió a Dios puro y dánoslo humanado para que, pues antes era pan duro, Dios justiciero, lo recibamos blando, Dios humanado. De manera que, pues la Virgen tiene el pan, no nos moriremos de hambre» (San Juan de Ávila).

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[La Iglesia Celebra] La Asunción de la Virgen María. ¡Madre del Cielo, Madre nuestra!


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“La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial”, así dice la constitución apostólica “Munificentissimus Deus”, con la que el Papa Pío XII proclamó esta verdad de fe en 1950 y cuya fiesta se celebra como solemnidad cada 15 de agosto.

Años después, San Juan Pablo II, al hablar de este dogma de la Asunción en 1997 explicó que “en efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio”.

En este sentido, tal como lo afirmó Benedicto XVI en 2011, “María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”.

Asimismo el Papa Francisco señaló en 2013 que “esto no significa que esté lejos, que se separe de nosotros; María, por el contrario, nos acompaña, lucha con nosotros, sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal”.

Fuente: ACI

[La Iglesia Celebra] 6 datos que debes conocer de San Maximiliano Kolbe, mártir del siglo XX


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Este 14 de agosto se celebra a San Maximiliano Kolbe, sacerdote y miembro de la orden de los frailes menores conventuales, que murió mártir en un campo de concentración nazi al ofrecer su vida a cambio por la de un padre de familia condenado a muerte.

Aquí algunos datos curiosos sobre la vida de este santo del siglo XX.

1. Se le apareció la Virgen María cuando era niño

San Maximiliano Kolbe nació el 8 de enero de 1894 en la ciudad polaca de Zundska Wola, ocupada en ese entonces por Rusia.

Cuando era niño realizó una travesura que su madre le reprochó. Tiempo después, ella vio que su hijo Maximiliano había cambiado de actitud y que frecuentemente oraba llorando ante un pequeño altar.

El pequeño le dijo: “Mamá, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen que me dijera lo que sería de mí. Lo mismo en la iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja”.

“La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Contesté que las aceptaba… (las dos). Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció”.

2. Fue muy devoto de la Inmaculada Concepción

San Maximiliano siempre fue muy devoto de la Inmaculada Concepción. En 1917 fundó un movimiento llamado “La Milicia de la Inmaculada”, el cual se consagró a la Virgen María para luchar con todos los medios por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo.
También inició la publicación de una revista mensual llamada “Caballero de la Inmaculada”, orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Madre de Dios.

Comenzó en 1922 con un tiraje de 500 ejemplares y para el año 1939 alcanzaría cerca del millón de ejemplares publicados.

3. Se ofreció para ir como misionero a Japón

Luego de que el Papa Pío XI solicitara sacerdotes para ir a las misiones, en 1931 el santo se ofreció como voluntario y viajó a Japón.

Allí fundó una nueva ciudad dedicada a la Inmaculada (“Mugenzai No Sono”) y publica su revista “Caballero de la Inmaculada” en idioma japonés (“Seibo No Kishi”). Regresó a Polonia en 1936.

4. Fue condenado a morir de hambre en una celda y sobrevivió

Durante la Segunda Guerra Mundial fue apresado y enviado a campos de concentración en Alemania y Polonia, aunque fue liberado. Sin embargo, en 1941 los nazis volvieron a detenerlo y lo destinaron al campo de concentración de Auschwitz.

A pesar de las limitaciones y dificultades para ejercer su ministerio sacerdotal, atendió a los prisioneros y les transmitió el consuelo de la Virgen María.

El 3 de agosto de ese año, un preso escapó y como represalia el comandante del campo ordenó escoger a diez cautivos para ser condenados a morir de hambre. San Maximiliano ofreció su vida a cambio de la del sargento polaco Franciszek Gajowniczek, quien había suplicado: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos”.

En esa celda, el sacerdote alentó en la fe a sus compañeros, con oraciones y cantos. Dos semanas después, solo el santo permanecía con vida. Necesitando la celda para otros reos, los nazis decidieron acabar su vida inyectándole ácido carbólico en la vena.

5. El Papa Francisco visitó su tumba

Durante su visita al campo de concentración nazi de Auschwitz, en el marco de su viaje apostólico a Polonia por la Jornada Mundial de la Juventud Cracovia 2016, el Papa Francisco conoció la “celda del hambre” donde fue encerrado San Maximiliano Kolbe hasta el día de su muerte, el 14 de agosto de 1941.

En el oscuro recinto, en cuyas paredes hay una placa recordatoria y un grabado de las víctimas con tres cirios al centro, el Santo Padre se sentó y oró solo y en silencio por cerca de seis minutos.

6. En Polonia existen los frailes bomberos de San Maximiliano

En 1927, el Santo fundó la “Ciudad de la Inmaculada” en el convento franciscano de Niepokalanów, a 40 kilómetros de Varsovia.

Desde hace más de 80 años aquel lugar cuenta con un Cuerpo de Bomberos Frailes de San Maximiliano María Kolbe.

En 1928, Kolbe reunió y dijo a los frailes: “esto lo hemos recibido de la gente, no es nuestro, por lo que tenemos que asegurarnos de que no se destruya”. Pronto se pusieron manos a la obra y organizaron una guardia contra incendios.

Feliz Cumpleaños 2018!

[Prensa Prelatura] Monseñor Rafael sostuvo importante reunión con Instituciones Católicas de la Prelatura de Moyobamba.

[BlogCatólico] RETIRO DE DOCENTES DEL ÁREA DE EDUCACIÓN RELIGIOSA

[PrensaPrelatura] Retiro de Docentes de Educación Religiosa de la ODEC Moyobamba


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El pasado 21 de Julio, los Docentes de Educación Religiosa de la ODEC Moyobamba, realizaron un retiro de capacitación, Mons. Rafael Escudero López-Brea estuvo impartiendo el curso, desarrollando temas como Gaudete et Exultate, Exhortación Apostólica sobre el llamado a la santidad del Papa Francisco entre otros, participar de la Santa Misa, y finalizar retornado a casa luego de un día lleno del Señor y de aprendizajes para garantizar el profesionalismo y el júbilo que demuestran los miembros de la ODEC Moyobamba.

[PrensaPrelatura] Argentina le dijo ¡SI a la vida!


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En medio de una lucha sin precedentes, ¡HOY! Ganó LA VIDA, Un triunfo Latinoamericano y con voz firme podemos gritar#ArgentinaEsProVida .

Por otro lado:

La Conferencia Episcopal Argentina (CEA), agradeció este 9 de agosto a todos los hombres, mujeres, senadores y organizaciones que defendieron la vida durante estos meses de debate y que concluyó con el rechazo del proyecto de ley que buscaba liberalizar el aborto.

A través de un comunicado, la CEA agradeció “especialmente el testimonio de los pobres, que siempre nos enseñan a recibir la vida como viene y a saber cuidarla porque es un don de Dios”.

Asimismo, destacaron que durante estos meses de debate público, el diálogo ecuménico e interreligioso ha crecido gracias a los esfuerzos conjuntos “para proteger la vida, desde la concepción hasta la muerte natural”.

Sin embargo, alentó al país a “trabajar las nuevas divisiones surgidas entre nosotros a partir de este proyecto, a través de un renovado ejercicio del diálogo”.

“Se trata ahora de prolongar estos meses de debate y propuestas en la concreción del compromiso social necesario para estar cercanos a toda vida vulnerable”, añadió.

La educación sexual responsable, el acompañamiento a los hogares maternales surgidos en los barrios y la atención de mujeres que han abortado son algunos de los “grandes desafíos pastorales para anunciar con más claridad el valor de la vida”, aseguró la CEA.

En tanto, el P. Christian Viña alentó el festejo por el resultado de la votación, pero también llamó a ser “guerreros de la vida”.

“Pasado este combate debemos comprender que la batalla continúa. Porque estamos, ni más ni menos que ante la batalla final (Ap 20, 7- 10); que, como queda visto, tendrá como uno de sus principales blancos al matrimonio y a la familia”, expresó.

El P. Viña aseguró que ya nada será igual. “Los sacerdotes hemos visto, llenos de gozo, el despertar del gigante dormido de los laicos” con su “firme voluntad de jugarse por Aquel que hace nuevas todas las cosas”.

“Hemos visto, también, que podemos argumentar en defensa del niño por nacer con razones científicas, jurídicas, geopolíticas, sociológicas, y psicológicas; y demostrar que el fundamento teológico asume a todas ellas y les da su absoluta plenitud”.

Sin embargo, el sacerdote lamentó la “grieta” que dividió aún más al país en manos de las “multinacionales del aborto y los mandamases financieros del Nuevo Orden Mundial”.

“Nos espera una enorme labor para educar a nuestros niños y jóvenes, particularmente, en una nueva cultura de la vida, en la que ningún hijo de Dios sea visto como descartable”.

Por último, el sacerdote del barrio Cambaceres, en La Plata, aseguró que “la ola celeste llegó para quedarse”. “Que ese celeste, que la Virgen María regaló a la Argentina, brille para siempre en nuestro suelo”.

Fuente: ACI / Medios de Comunicación San Gabriel de la Prelatura de Moyobamba.

Feliz Cumpleaños 2018!

[JMM Celebra] 10 Años de Consagración a la Virgen de Fátima


38708061_1320682691395571_5327264072868036608_oMuchas felicidades a los primeros jóvenes del grupo Juventud Misionera de María de la Parroquia “Santiago, apóstol” de Moyobamba, que, por vez primera se consagraron hace ya ¡diez años! a la Virgen María. Un 08 de agosto de 2008 dieron, sin temor, su sí a la Virgen. Desde entonces, cada año, nuevas promociones de jóvenes, en el grupo, siguen su ejemplo. Diez años de feliz protección bajo el manto de nuestra Santa Madre.

Notas relacionadas:

7 cosas que debes saber sobre la Virgen de Fátima

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