Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Tengo que amar más y hacer más por los demás


Carta testimonio de un matrimonio español en Chile, tras el terremoto

Queridos todos,

En primer lugar, gracias de corazón a todos los que os habéis interesado de una u otra manera por Ramón y por mí, tras este terremoto aquí en Chile. Tengo que deciros, que Ramón y yo estamos bien. En nuestro caso, que hasta el Martes no tuvimos acceso a Internet, ni línea telefónica de fijo, ni cable de T.V. Todo esto se restableció el martes y el miércoles por la mañana se volvió a ir todo, y volvió ayer jueves por la noche.

Os cuento nuestra experiencia concreta. Como sabéis, Ramón y yo vivimos en la capital de Chile, Santiago, a lo cual aquí se refieren como Región Metropolitana. La noche del pasado Viernes 26 de Febrero, a pesar de no encontrarme demasiado bien (llevaba con una crisis de migraña que iba y venía, desde el miércoles por la tarde, tomando pastillas y durmiendo poco, así que bastante cansada), fuimos a casa de un matrimonio amigo que celebraban el cumpleaños de él, a la que asistimos unos 30 amigos. Regresamos a casa como a las 2:20 de la madrugada. Entre que nos acostamos y tal, y que a mí me cuesta bastante dormirme, yo a las 3:34 (hora del terremoto) no me había podido dormir aún. Ramón dormía a mi lado. A las 3:34, siento un temblor parecido a la intensidad que hemos sentido varias veces en los 2 años y medio casi que llevamos viviendo aquí. Claramente sensible de ser notado, pero no preocupante, porque normalmente dura sólo unos pocos segundos y no asusta. Pero en cuestión de 3 o 4 segundos, iba a más y a más y a más. No creo que se pueda transmitir la sensación que uno siente ante esta experiencia, (a mí, si me lo contaran sin haberlo vivido no me haría una idea). Yo sólo me acerqué a Ramón (en la cama los dos) diciéndole “un seísmo, un seísmo”. Aunque lógicamente Ramón ya se había despertado de golpe. Todo el edificio temblaba a lo bestia, y notabas todo el fortísimo movimiento hacia todas las direcciones, de arriba a abajo, de derecha a izquierda, y a esto se unía el oscilamiento del edificio (el sistema anti-sísmico que tienen bastantes edificios en Santiago, que es lo que salva como en nuestro caso).

En esos momentos, los dos nos quedamos paralizados del miedo y alucinando de cómo se movía la cama (como la de la niña de El Exorcista), las paredes, el suelo, el techo, y a la vez el ruido de todo (puertas de armarios moviéndose violentamente, puertas normales -que algunas de ellas han quedado desencajadas-), cuadros, jarrones cayéndose, etc, etc).

Durante ese minuto y medio largo que duró, me temblaba absolutamente todo el cuerpo (de pies a cabeza) y al principio yo sólo decía en voz bajita y con miedo “Ay, Dios mío; Ay, Dios mío”. Pasados unos segundos comprendí que muy probablemente podían ser los últimos momentos de nuestras vidas, así que me puse a rezar en alto un Padre Nuestro y un Ave María. Después de eso, ya no fui capaz de que me viniera nada más en ese momento a la mente (alguna otra oración), ya que aquello seguía moviéndose todo violentamente y el miedo y la impresión te dejaban paralizado.

A la mañana siguiente, comentando con Ramón él me decía que él también había pensado en esos momentos que íbamos a morirnos. Y los dos, “casualmente” pensamos que si teníamos que morir no pasaba nada, lo aceptábamos, pero que fuera algo rápido, un golpe seco que nos hiciera morir en el acto, y no estar ahí sufriendo entre escombros durante varios días hasta ver si nos rescataban o no. Evidentemente, al menos de momento, no era nuestra hora y vivimos en un edificio bastante seguro ante seísmos fuertes.

Os tengo que decir que a fecha de hoy, en estos momentos, aquí también en Santiago, el suelo sigue temblando, seguimos teniendo réplicas unas más flojas y otras más fuertes; éstas nos hacen ponernos muy nerviosos cada vez, ya que está uno con el miedo a que la intensidad del otro día pueda volver a producirse a pesar de que muchos, incluso entendidos, digan que esto no es posible. Pero tengo muy claro que los seres humanos no podemos predecir todo y las réplicas siguen siendo continuas una semana después y ha habido otro terremoto en Taiwán que indica que el Pacífico sigue liberando energía. Lo único que sé es que, por si tenía alguna duda (que no), estamos en manos de Dios y esta experiencia me refuerza en el hecho de que sólo lo que hayamos amado importa. Ahora, cuando muramos y después.

Creo que esta experiencia me ha hecho reflexionar más que nunca (de qué manera !!!) que tengo que amar más y hacer más por los demás, porque se sientan más felices, porque se realicen más, porque no se sientan solos, porque tengan a alguien que les acaricie el corazón.

Aún así, en estos momentos he de decir que no temo por mi vida, reconozco que lo único que me asusta es el sufrimiento, pero no el hecho en sí de morirme. Como todos, sé que antes o después ese momento llegará. Creo que nunca le tuve mucho miedo a morirme, y cuando tuvimos la oportunidad de estar en Tierra Santa (en Junio de 2006), creo que la experiencia de oración que tuve allí con toda la peregrinación que hicimos Ramón y yo (junto con un grupo de otras 10 personas) y visitando los lugares donde estuvo Cristo, me hizo hasta sentir en varios momentos casi lo de Santa Teresa “que muero porque no muero”. Es decir, ganas de morirme y ser digna de ir al cielo, ganas de estar con el Señor. Aunque he de decir que me encanta estar aquí y vivir y que tengo muchas ilusiones. Por ejemplo que el próximo Lunes comienzo otra vez a trabajar de profesora de Inglés en una empresa (en el mismo sitio donde estuve ya trabajando en 2008) y que sueño con el momento de volver a ver a mi familia, a mis padres, a mis hermanos, a mis sobrinos, a mis cuñados, tíos, etc.

Como me gusta cantar siempre en mis adentros “El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es la defensa de mi vida. Si el Señor es mi luz, ¿a quién temeré? ¿quién me hará temblar?”

Ni Chile, ja ja. Chile puede hacerme temblar por fuera, pero ojalá que mi corazón no tiemble. Sólo con Jesucristo. Como decían los discípulos de Emaús (tío Ricardo), cuando le reconocieron al partir el pan y una vez que se hubo ido decían: “¿No temblaba vuestro corazón mientras Él os hablaba?”

Aún con todos estos sentimientos y pensamientos que comparto con vosotros, deciros que se queda uno un poco tocado. Seguimos nerviosos a cada réplica fuertecita, en muchos momentos me sigo encontrando mareada y sintiendo que el suelo se está moviendo casi continuamente (por lo visto no son imaginaciones mías, es real). Dicen que este terremoto ha movido el eje de toda la Tierra 8 cms.

Tengo que deciros que, gracias a Dios, nosotros somos unos super-privilegiados por no haber perdido a ninguno de nuestros familiares en este terremoto, por estar sanos y salvos, por tener nuestro piso casi igual que antes, por haber tenido luz, agua y gas desde a las pocas horas del terremoto, etc, etc. Las cadenas nacionales aquí en Chile están toda esta semana 24 horas informando del estado en las diferentes poblaciones donde el terremoto y los tsunamis afectaron más. Hoy, una semana después, todavía hay mucha gente que no sabe dónde están sus familiares, gente que recién hoy ha podido saber que sus familiares en esas zonas estaban bien. No tienen agua, ni luz, ni casas, ni comida, ni mantas para abrigarse especialmente durante la noche (las noches son super-frías aquí en Chile incluso en verano). Hasta ayer jueves por la noche aún no se había llegado a varias poblaciones costeras. Hay muchas de ellas donde las personas damnificadas están a la intemperie, con sus casa convertidas en palos en el suelo, algunos están en las montañitas más cercanas por miedo a otro tsumani. En toda la zona de la costa donde afectó el tsunami está todo devastado y también toda la zona del interior cercana al epicentro. Anoche ví un hombre en T.V. Una de las olas gigantes se llevó a su esposa hacia dentro del mar. Recorre la orilla en una bicicleta, sin cesar, esperando que el mar le devuelva al menos su cuerpo, y poder darle sepultura. Hay tantísimo dolor, desgarro. Para mí ésta es la mayor tragedia del terremoto. Perder a la familia.

Os pido oración por todas estas personas, los verdaderos afectados del terremoto y los tsunamis. Y porque todos los organismos de Chile sepan organizarse lo más rápido posible y eficazmente para dar ayuda, comida, atención, techo, y luego para ir reconstruyendo todo lo dañado. Lo que realmente es más urgente.

Hay bastante gente aquí en Santiago que está colaborando con comida, mantas, pañales, etc. Y Cáritas Chile, el Hogar de Cristo, cadenas de T.V., parroquias, colegios, etc, están colaborando con hipermercados, y centros comerciales para enviar tantos camiones como sean posible con ayuda humanitaria.  Se nos cae la baba de ver a sacerdotes, a gente de Cáritas, salir en la T.V, y de ver cómo se les respeta, se les escucha y se les quiere aquí. Dá envidia. Igualito que en España, eh? Y ahí estamos poniendo nuestro granito de arena también nosotros (Ramón y yo) porque además esto va a ser durante bastante tiempo. Todas estas personas van a seguir necesitando ayuda durante mucho tiempo, ya que la mayoría son gente sencilla, humilde, que sólo tenían su casita y algunos sus pequeños negocios para subsistir. Muchos de ellos verdaderamente lo han perdido todo.

Bueno, sólo quería transmitiros una idea de lo que hemos y se ha vivido aquí con el terremoto. Os mando un beso muy, muy fuerte a todos. Os quiero mucho.

Paloma

2 Respuestas a “Tengo que amar más y hacer más por los demás

  1. Miriam Miró 11 11-05:00 marzo 11-05:00 2010 en 3:01 AM

    Paloma, le agradezco su relato, tan valioso, de lo que ha vivido usted, su marido y todas las personas afectadas por el terremoto en Chile. Es un gran regalo y admiro que haya tenido la serenidad y generosidad de contar, después de todo el susto. Aparte de esto, nos ha dado un testimonio muy contundente de lo que es la vida. Gracias.

  2. Pingback:Tengo que amar más y hacer más por los demás | CatInfor.com

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