La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

EVANGELIO DEL DOMINGO 18º Ordinario, 03 de Agosto de 2014


Mateo 14,13-21

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para esta a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Al desembarcar Jesús y encontrarse con tan gran gentío, sintió compasión de ellos y sanó a sus enfermos. Cuando ya caía la tarde, sus discípulos se le acercaron, diciendo: «Estamos en un lugar despoblado y ya ha pasado la hora. Despide a esta gente para que se vayan a las aldeas y se compren algo de comer.» Pero Jesús les dijo: «No tienen por qué irse; denles ustedes de comer.» Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y mandó a la gente que se sentara en el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los entregó a los discípulos. Y los discípulos los daban a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

El evangelio de este domingo nos presenta el relato de la multiplicación de los panes y los peces por parte de Jesús. Siempre nos sorprende.

“En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en una barca, a un sitio tranquilo y apartado”.

En Galilea por cualquier sitio donde andará se encontraba con multitud de gente porque aquella región era muy densamente poblada. Pero atravesando el lago, en la barca de Pedro o en la de Juan y Santiago, podía encontrarse en una región sumamente solitaria y tranquila. Aquella soledad les podía servir de descanso para El y sus discípulos, porque en Cafarnaúm la gente no les dejaba tiempo ni para comer.

A Jesús le agradaban los sitios tranquilos y apartados para dedicarse a rezar y meditar… es como una lección para sus seguidores tan amigos de la bulla y del ruido… como para que también de vez en cuando dediquemos tiempos a pensar y rezar en la tranquilidad de los sitios apartados y propios para la meditación.

“Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos”.

La gente se vino corriendo por los caminos de la orilla del lago. Admirable este deseo incontenible de la multitud por escuchar a Cristo y estar cerca de Él. Me comparo con ellos. Qué esfuerzos hago por oír lo que Jesús me quiere decir? Dedico tiempo considerable a leer y meditar sus palabras en el evangelio?

“Al desembarcar, vio Jesús la muchedumbre, sintió compasión de ellos y curó a los enfermos”.

En vez de disgustarse porque aquella gente que le echaba a pique sus planes de descanso, Él se compadece de ellos. He aquí un gesto del amor y de la misericordia de Jesús. Aquí se manifiesta la inmensa ternura del Corazón de Cristo que no le permite presenciar el dolor y el sufrimiento sin acudir en su socorro. También hoy al ver el gentío de este mundo, del cual yo formo parte, a Jesús le da lástima y cura muchos enfermos, especialmente del alma. ¡Pienso en esto y le doy gracias!

Cuando Dios permita que alguien trastorne mis planes de descanso y de vida tranquila, en vez de disgustarme, me dedicaré con gusto a prestarle los favores que  pide. Así imitaré una vez más a mi Divino Maestro.

“Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a los poblados y compren algo de comer»”.

Los apóstoles aconsejan a Jesús que despida a la multitud. El piensa distinto: darles de comer.

“Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, denles ustedes de comer»”.

Los apóstoles se ponen a hacer cuentas de cuánto dinero se gastaría en conseguir pan para tanto gentío. Pero a Dios no hay que hacerle cuentas. El no necesita de nuestros datos. No andemos diciéndole cuanto necesitaremos para nuestra vejez o para el año entrante. El ya hizo sus cuentas y no necesita de las nuestras sino de que lo amemos con todo el corazón, tengamos interés en escuchar sus enseñanzas y confiemos en su inmenso poder y en su generosa misericordia para ayudarnos.

“Ellos le replicaron: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces»”.

“Les dijo: Tráiganmelos»”.

Solo tenían cinco panes y dos peces… que poca cosa para alimentar a tanta gente. Señor: qué pocos y que pobres son los medios que puedo ofrecerte para hacer bien a los demás. Pero lo poco que soy y lo poco que puedo lo quiero colocar en tus manos omnipotentes, con la seguridad que tu bondad hará maravillas con estos pobres medios.

“Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos”.

Jesús dio gracias a Dios antes de multiplicar los panes. Jesús nos enseña a ser agradecidos con Dios. ¿Damos las debidas gracias al Creador por el pan de cada día?

 “Los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce canastos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños”.

El Señor pide todo lo que tienen y les devuelve doce canastos llenos. A Dios nadie le trabaja gratis. Nunca nadie da algo a Dios sin recibir cien veces más. A algunos de nosotros quizás Dios no nos ha dado más porque no le hemos dado a Él con la debida generosidad.

Jesús manda recoger el pan que ha sobrado. No quiere que se desperdicie nada. El alimento es un precioso regalo del cielo y no tenemos ningún derecho a desperdiciarlo. ¿Han aprendido los niños en tu casa a no desperdiciar jamás la comida? Hay que instruirlos frecuentemente acerca de esta obligación.

En la multiplicación de los panes renovó Jesús las fuerzas físicas de sus oyentes. Ahora en la Eucaristía renueva nuestras fuerzas espirituales.

El muchacho no sintió vergüenza de ofrecer a Cristo algo muy pequeño para esa ocasión: sólo cinco panes. Daba todo lo que tenía. Dios quiere que nosotros cooperemos con lo que podemos… El Señor hará lo demás.

Jesús se vale de sus apóstoles y sus discípulos para repartir el pan del milagro. Cada uno de nosotros puede ser útil para Cristo en su labor de salvar almas: unos repartiendo ciencia, otros amabilidad,  otros limosnas, y todos repartiendo buen ejemplo. Todos debemos colaborar.

En este relato hay un elemento que nos anima: La tarea que tenemos los cristianos es de gran magnitud y envergadura y los medios son desproporcionados, pero hay con nosotros uno que puede y quiere hacer milagros. Jesús pide a cada uno de nosotros la tarea importante de ayudarle a salvar almas, pero no nos exige empezar con esplendores. Dice: “Venid a Mí con lo poco que poseéis en cualidades, en bienes, en ciencia, en voluntad, y Yo me encargo del resultado”. Un poco siempre es mucho en las manos de Cristo.

Una respuesta a “EVANGELIO DEL DOMINGO 18º Ordinario, 03 de Agosto de 2014

  1. milagros quispe monterola 1 \01\UTC noviembre \01\UTC 2011 en 7:30 PM

    el evangelio trata de la multiplicacion tanto de peces como de panes eso nos demuestra uno de sus milagros mas

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