La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, 8 de Noviembre de 2015


[youtube:https://youtu.be/Lb3mis67zkk%5D

San Marcos 12, 38 – 44

Y él les enseñaba: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”.

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.

Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero

+Obispo Prelado

En el evangelio de este domingo Jesús nos enseña lo relativo que es el dinero y las riquezas. A Él le interesa más cómo se usa lo que se tiene  que cuánto se tiene y, sobre todo le importa infinitamente más lo que se es que lo que se tiene.

«En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la gente y les decía: -“¡Cuidado con los escribas!”» San Marcos presenta aquí un severísimo juicio contra los escribas o doctores de la ley. Las acusaciones de Jesús adquieren su verdadero sentido en el contexto de aquella cultura: «Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza»; usar el manto propio de la oración fuera del templo, era un signo de ostentación de religiosidad, es el pecado de orgullo; «buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes»; sentarse en el primer banco de la sinagoga, bajo el cual se guardaban los rollos de la ley, era señal de categoría social y se buscaba afanosamente, es el pecado de ser los primeros en todas partes. A todo esto se añaden gestos de hipocresía, rapiña y orgullo –«devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos»–, es el pecado de usar toda su habilidad en explotar jurídicamente a las mujeres pobres e indefensas. Por eso comprendemos por qué Jesús se muestra tan duro con ellos.

San Juan Crisóstomo enseña: “De las entrañas mismas de todas las cosas nace lo que las destruye: de la madera, el gusano; del vestido, la polilla. Así se empeña el diablo en corromper y destruir el ministerio de los sacerdotes, que están puestos para la edificación del pueblo, en forma que el mismo bien lleve en sus entrañas el mal. Quiten del clero este vicio, de la ostentación y vanagloria, y fácilmente se remediará todo lo demás”.

Sería una lástima que nos viéramos retratados en a actitud de los escribas, tan criticada por Jesús. A todos nos gustan los primeros lugares, que nos alaben y que nos tengan por importantes y santos. A todos nos atrae el dinero.

«Estos recibirán una sentencia más rigurosa». Siguiendo a los profetas y a Juan Bautista Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones.

«Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad»; los ricos eran mucho y daban mucho; viene ahora el contraste: «se acercó una viuda pobre y puso dos monedas de poco valor»; es sencilla y sugerente la escena que vemos hoy: la viuda del Templo que echa unas monedas para el culto de Dios. La viuda del Templo es pobre y vive sola, pero se acerca a los encargados de las limosnas y entrega todo lo que tiene, dos monedas, para contribuir al culto de Dios. El breve episodio de la pobre e insignificante viuda nos conduce de lleno al corazón del evangelio.

El Señor se fija en nuestras acciones buenas, alabando y premiando lo que ellas tienen de bueno y reprobando lo que se les pueda adherir de de defectuosa intención.

«Llamando a sus discípulos, como cosa importante que iba a enseñarles, les dijo: -“Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto en el arca de las ofrendas más que nadie”. Jesús la alaba. No alaba la pobreza, alaba la generosidad. Y deja en evidencia a los que acaba de nombrar; los escribas orgullosos.  “Porque los demás han echado de lo que les sobra”, Lo que Jesús alaba en ella no es la cantidad, sino su actitud: “pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir”». Al darlo todo se convierte en ejemplo concreto de cumplimiento del primer mandamiento; justamente en las antípodas de los escribas, llenos de codicia y vanidad. Este gesto silencioso, realizado a la entrada del templo, pone de relieve cuál es la correcta disposición en el culto y en toda relación con Dios: en el Reino de Dios sólo cabe la lógica del don total.

Dice san Beda: “No pesa Dios el oro, sino la conciencia. Y la conciencia de esta pobre viuda debió quedar llena de la bendición de Dios, al caer de las dadivosas manos el único recurso que tenía para su sostén”.

Quizá, el mejor comentario a este evangelio sean las conocidas palabras de San Juan de la Cruz: “Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada. Para venir a gustarlo todo, no quieras gustar algo en nada. Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada“. Sólo llega a poseer a Dios el que lo da todo, el que se da del todo, pues Dios no se entrega al que se reserva algo. El que no está dispuesto a darlo todo, aún no ha dado el primer paso en la vida cristiana.

Nosotros hubiéramos tachado a la viuda de imprudente –se quedó sin lo necesario para vivir–, pero Jesús la alaba. Lo cual quiere decir que nuestra prudencia suele ser poco sobrenatural, poco cristiana. Tendemos a poseer y guardar porque en el fondo no contamos del todo con Dios. Tenemos miedo de quedarnos sin nada, olvidando que en realidad Dios nos basta. Preferimos confiar en nuestras previsiones y provisiones más que en el hecho de que Dios es providente.

El amor de la Iglesia por los pobres pertenece a su constante tradición. Está inspirado en el Evangelio, en la pobreza de Jesús y en su atención a los pobres. El amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta. San Juan Crisóstomo lo recuerda vigorosamente: “No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida; lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos”.

También nos pone un interrogante la mujer protagonista del evangelio de hoy ¿Sabemos hacer el bien sin llamar la atención? ¿Somos desprendidos de los muchos o pocos bienes que tenemos? A la viuda del Templo no le aplaudieron los hombres, que no se hubieran dado ni cuenta si no llega a ser por la observación de Jesús. Pero Jesús sí se dio cuenta y la puso como modelo de humildad y caridad para generaciones y generaciones de cristianos. Le aplaudió Dios.

2 Respuestas a “Evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, 8 de Noviembre de 2015

  1. Elizabeth 10 \10\UTC noviembre \10\UTC 2012 en 11:29 PM

    Gracias ya envie mi comentario

  2. Elizabeth 10 \10\UTC noviembre \10\UTC 2012 en 11:26 PM

    En este Envangelio Jesucristo nos deja una grande leccion, ser humildes y practicar la generosidad con nuestros hermanos. A dios le debemos todo,porque sin EL no tenemos nada.

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