La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Evangelio del domingo 4 de septiembre de 2016, 23º del Tiempo Ordinario


Lc 14,25-33

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
Obispo prelado de Moyobamba

Jesús se presenta  a sí mismo como el centro de su mensaje, Él mismo es el Reino que predica. Por eso, pide una adhesión sin reservas a su Persona con términos como jamás se atrevió  a usar hombre alguno:“ Si alguno viene a mí y no me ama más que a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”.

Jesús pide una renuncia total, para que nuestra entrega a Él sea también total,  quiere dejar muy claras las condiciones para ser discípulo suyo: como Él es libre ante su familia y ante el ambiente social, así, sus discípulos deben vivir esa libertad y estar dispuestos a renunciar a todo: familia, riquezas, trabajo y al propio egoísmo. Ciertamente Jesús no nos está invitando a odiar o a despreciar a la familia. Ni a suicidarnos, cuando dice que tenemos que renunciar incluso a nosotros mismos. Nos está diciendo que tenemos que saber distinguir entre lo importante, lo absoluto, que es Dios mismo, y lo menos importante. Ya sabemos que el Señor quiere que amemos a los nuestros. El amor a los hijos, el amor fraterno, el amor conyugal son santos, pero el amor de Dios que los sostiene y anima debe ser mayor todavía en cada uno de nosotros. Y hemos de obrar en consecuencia, sabiendo renunciar a lo secundario para conseguir lo principal. Hemos de estar dispuestos a renunciar a los nuestros y a lo nuestro si son un obstáculo para lograr el Reino de Dios.

“Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío”. Jesús forma a los suyos en el riesgo, en el sufrimiento, insiste en la idea de que la cruz y el fracaso son necesarios para el triunfo final. Han de estar dispuestos a aceptar la muerte violenta como consecuencia de su seguimiento. Seguir a Cristo exige opciones valientes, personales. Supone tomar la cruz y renunciarse a sí mismo, a nuestras apetencias más instintivas, a las sugerencias de este mundo, a las tentaciones de Satanás, que no nos llevan a ninguna parte. Seguir a Cristo no consiste solamente en saber cosas sobre su Persona o adherirse a unas verdades que Él predica. Es aceptarle a Él, amarle sobre todo y todas las personas y cosas; es aceptar  su estilo de vida y querer compartir sus ansias redentoras; en definitiva es someter nuestra voluntad rebelde a su divina voluntad. Sólo Dios puede exigir una adhesión a Él tan inaudita. Lo que Cristo dice parece duro y exigente. Sólo el amor personal y apasionado a Jesucristo es el que nos hace estar dispuestos a perderlo todo por Él, a no poner condiciones a su seguimiento, a no anteponer a Él absolutamente nada ni nadie. Cuando no existe el amor a Cristo o se ha enfriado, todo son excusas y dificultades, se calcula cada renuncia, se recorta la generosidad, se frena la entrega, se disimula o justifica el pecado…

“Así, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?…  ¿O qué rey, si va a dar batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?” Construir, combatir… dos empresas que requieren reflexión y perseverancia. Seguir a Cristo no se hace sin reflexión, sin pensarlo antes. La causa de Cristo no quiere cobardes: mejor es no empezar que abandonar torpemente lo comenzado. Nuestra fuerza está en el Señor. Confiamos en su gracia y en su amor infalible. Con Él podemos aventurarnos a seguirle, con Él podemos vencer en la batalla contra el pecado y las fuerzas del Maligno.

“Lo mismo ustedes: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. No podemos agradar a Dios en medio de las cosas que distraen el alma y en las que peligra de sucumbir por la astucia del diablo. No sólo debemos despegarnos  de lo que queremos, sino que debemos abrazarnos con valor a las penas y trabajos de la vida. Cada cristiano, según su vocación y situación, ha de vivir “por Cristo, con Él y en Él”, sin más intereses: riquezas, reconocimiento social, proyectos propios, gratificaciones afectivas… Seguir a Jesucristo es la ley del cristiano, ley nueva o ley evangélica que cumple, supera y lleva a su perfección la ley antigua. Es ley de amor, de gracia y de libertad. Exige renuncia al egoísmo y al amor propio y un gran amor a Cristo. Que no nos extrañen los obstáculos, ni los sufrimientos, ni las dificultades de la vida cristiana. Consideremos todo esto como una oportunidad que tenemos para asociarnos a Cristo cargado con la cruz; aprovechemos la ocasión para caminar siguiendo a Jesús hacia la Cruz y la Vida.

2 Respuestas a “Evangelio del domingo 4 de septiembre de 2016, 23º del Tiempo Ordinario

  1. olga Paredes Rivera 5 \05\UTC septiembre \05\UTC 2013 en 6:23 PM

    Me gustan tanto las reflexiones de los evang, los comparto con mis hnas. del gpo. de oración, loramos por Uds. y les digo que no son míos , sino que los leo de Uds. Gracias

  2. maria acuña 4 \04\UTC septiembre \04\UTC 2013 en 5:59 PM

    me gusta el evangelio

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