La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY 14-07-2018 (San Mateo 10,24-33.)


 

“No tengáis miedo… permaneced sin temor”

Te doy gracias, Oh Dios,
porque te amo.
Oh, Altísimo, no me desampares,
pues tu eres mi esperanza:
Libremente he recibido de ti la Gracia,
y por eso viviré.

Mis perseguidores vendrán
y no podrán encontrarme:
Una nube de oscuridad caerá sobre sus ojos;
y una espesa penumbra los oscurecerá,
No tendrán luz para verme,
y no podrán atraparme…

Han ideado un plan contra mí
pero se volverá contra ellos,
han concebido un proyecto malvado
pero no tendrán éxito.

Pues el Señor es mi esperanza,
y no tendré miedo,
el Señor es mi salvación,
no temeré.
Él es como una guirnalda (de luz) sobre mi cabeza
y no temblaré.

Incluso si todo se sacude a mi alrededor,
yo permaneceré firme;
Y aunque todas las cosas visibles perezcan,
yo no moriré, porque el Señor está conmigo
y yo estoy con Él.
Aleluya.

Odas de Salomón (texto cristiano hebraico de principio del siglo II)
Texto cristiano hebraico de principios del siglo II, N° 5

FUENTE:es.catholic.net/

¿DIOS PIDE CASTIGAR EL CUERPO? (Padre Montijo)

29 ANIVERSARIO DE ORDENACIÓN SACERDOTAL


MONS. RAFAEL ESCUDERO LÓPEZ-BREA

Toledo, 09 de Julio de 1989 – Moyobamba, 09 de Julio de 2018

 

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Mons. Rafael Escudero López-Brea nació el 4 de abril de 1962, en Quintanar de la Orden , provincia de Toledo, España.

Tras realizar sus primeros estudios en su pueblo natal, continuó su formación sacerdotal en el Seminario Mayor de Toledo, Instituto Teológico de San Ildefonso.

Fue ordenado sacerdote el 9 de julio de 1989. Ha ejercido el ministerio sacerdotal como Vicario parroquial de Sonseca (1989-1991); Párroco de la Parroquia de San Bartolomé de las Abiertas y Campillo de la Jara (1991-1994); profesor de religión en varios Institutos públicos (1992-1998);  Viceconsiliario y, posteriormente, Consiliario del Movimiento “Cursillos de Cristiandad” de Toledo (1991 al 2004); Capellán del Colegio “San Prudencio”, de Talavera de la Reina (1994-1998); Párroco de Cebolla (1998-2003); colaborador de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en Talavera de la Reina (2003-2004); Administrador parroquial de la Parroquia de Montesclaros (2004).

En el año 2004 llegó a Perú, en el primer grupo de sacerdotes diocesanos de Toledo que atienden la Prelatura de Moyobamba, encomendada por la Santa Sede a la Archidiócesis de Toledo.

Después de haberse desempeñado como Vicario General y Párroco de la Catedral de la Prelatura, fue nombrado Obispo Coadjutor de Moyobamba el 8 de julio de 2006 por el Papa Benedicto XVI.

Recibió la ordenación episcopal en Moyobamba el día 26 de agosto, de manos del Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, Mons. Antonio Cañizares Llovera.

Desde el 21 de julio de 2007 es el Obispo Prelado de la Prelatura de Moyobamba.

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San Pedro y San Pablo


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SAN PEDRO Y SAN PABLO, ORIGEN Y META DE LA IGLESIA DE DIOS

Cada 29 de junio, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles, recordamos a estos grandes testigos de Jesucristo y, a la vez, hacemos una solemne confesión de fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Ante todo es una fiesta de la catolicidad.
Jesús propuso una encuesta a sus discípulos. Primero quiere saber lo que dice de él la gente y después, qué piensan ellos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? – Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? – Simón Pedro contestó: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Entonces Jesús le hizo una promesa formal: “Dichoso, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre, que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro” (Mateo 16,13) –Pedro, Petros, Quefá, Piedra, Roca–. En ese momento, Pedro sintió la mirada fija del Señor, pues toda vocación implica una mirada especial del Esposo, que enamora a la esposa, de invitación, predilección, y de gracia. Pedro es el primero a quien Jesús ha llamado. Nació en Betsaida, junto al lago de Tiberiades y se trasladó a Cafarnaún, donde junto los hijos del Zebedeo, con Juan y Santiago, había montado una sociedad familiar, una empresa pesquera. Elegidos los tres por Jesús, se convirtieron en los discípulos más íntimos y fueron testigos de los mayores acontecimientos de su vida, como la Transfiguración en el Tabor, donde Pedro pretendía establecerse, la resurrección de la hija de Jairo, y la agonía de Getsemaní, donde le contemplaron chorreando sangre.

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¿Qué es la Solemnidad de San Pedro y San Pablo?

SAN IRENEO


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San Ireneo, educado en Esmirna; fue discípulo de la San Policarpo, obispo de aquella ciudad, quién a su vez fue discípulo del Apóstol San Juan. En el año 177 era presbítero en Lyon (Francia), y poco después ocupó la sede episcopal de dicha ciudad. 

Las obras literarias de San Ireneo le han valido la dignidad de figurar prominentemente entre los Padres de la Iglesia, ya que sus escritos no sólo sirvieron para poner los cimientos de la teología cristiana, sino también para exponer y refutar los errores de los gnósticos y salvar así a la fe católica del grave peligro que corrió de contaminarse y corromperse por las insidiosas doctrinas de aquellos herejes. 

 Recibió la palma del martirio, según se cuenta, alrededor del año 200.

Infancia y Estudios

Nada se sabe sobre su familia. Probablemente nació alrededor del año 125, en alguna de aquellas provincias marítimas del Asia Menor, donde todavía se conservaba con cariño el recuerdo de los Apóstoles entre los numerosos cristianos. Sin duda que recibió una educación muy esmerada y liberal, ya que sumaba a sus profundos conocimientos de las Sagradas Escrituras, una completa familiaridad con la literatura y la filosofía de los griegos. Tuvo además, el inestimable privilegio de sentarse entre algunos de los hombres que habían conocido a los Apóstoles y a sus primeros discípulos, para escuchar sus pláticas. Entre éstos, figuraba San Policarpo, quien ejerció una gran influencia en la vida de Ireneo. Por cierto, que fue tan profunda la impresión que en éste produjo el santo obispo de Esmirna que, muchos años después, como confesaba a un amigo, podía describir con lujo de detalles, el aspecto de San Policarpio, las inflexiones de su voz y cada una de las palabras que pronunciaba para relatar sus entrevistas con San Juan, el Evangelista, y otros que conocieron al Señor, o para exponer la doctrina que habían aprendido de ellos. San Gregorio de Tours afirma que fue San Policarpio quien envió a Ireneo como misionero a las Galias, pero no hay pruebas para sostener esa afirmación.  Leer más de esta entrada

Evangelio para niños del Domingo 24 de junio de 2018

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA


San Juan Bautista en el de copyEste es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento.

San Juan Bautista nació seis meses antes de Jesucristo (de hoy en seis meses – el 24 de diciembre – estaremos celebrando el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús).

El capítulo primero del evangelio de San Lucas nos cuenta de la siguiente manera el nacimiento de Juan: Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Santa Isabel, y no tenían hijos porque ella era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba él en el Templo, se le apareció un ángel de pie a la derecha del altar.

Al verlo se asustó, mas el ángel le dijo: “No tengas miedo, Zacarías; pues vengo a decirte que tú verás al Mesías, y que tu mujer va a tener un hijo, que será su precursor, a quien pondrás por nombre Juan. No beberá vino ni cosa que pueda embriagar y ya desde el vientre de su madre será lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para Dios”.

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¿Somos agradecidos con Dios por las bendiciones recibidas?


Ignorando las bendiciones

Parece ser que la ingratitud fuera parte de nuestra naturaleza. Ya desde el Génesis, Dios nos advierte que esta sería una de nuestras debilidades a trabajar. Tras el pecado original, Dios interroga a Adán y éste le responde: “La mujer que me diste por compañera, me dio del árbol y comí” (Génesis 3, 12). Vean como Adán traslada la responsabilidad de su error a la mujer y por último a Dios mismo. El hombre recibe un paraíso, una inteligencia superior, una compañera excepcional y gran cantidad de bendiciones (Génesis 2, 23). Sin embargo, termina culpando a Dios por las consecuencias de su propia desobediencia.

También recordamos la ingratitud del pueblo hebreo. Este fue liberado por Dios a través de Moisés de la esclavitud de Egipto con hechos prodigiosos. Todo ello lo olvidó fácilmente al pie del monte Sinaí, eligiendo adorar a un becerro de oro (Éxodo 32, 1 – 6).

En el Evangelio está el episodio de los diez leprosos que se acercaron a Jesús pidiendo misericordia. Él les indica que deben presentarse con los sacerdotes pero en el camino, quedaron sanados. Sin embargo, solo el samaritano regreso a dar gracias dando gloria a Dios. Jesús no deja inadvertido el hecho y pregunta por los otros nueve. ¿Dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero? (Lucas 17, 17 – 18). Jesús no busca nuestra gratitud por vanagloria, sino porque un corazón agradecido es mucho más proclive a la alabanza y por último a la conversión y al amor (Lucas 7, 41 – 47).

La naturaleza de nuestra ingratitud

¿Somos ingratos con Dios porque somos malos? Yo creo que el problema radica en la pésima memoria que tenemos para recordar las bendiciones. Cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles la ascensión del Jesús al cielo fue un prodigio maravilloso. San Pablo sugiere que fueron unas 500 personas quienes lo presenciaron (1 Corintios 15, 6). Sin embargo quienes se quedaron en Jerusalén, perseverando en la oración tal y como lo pidió Jesús aquel día, fueron solo 120. ¿Qué pasó con esos 380? Probablemente se llenaron de emoción durante el milagro de la ascensión, pero luego lo olvidaron y volvieron a sus quehaceres.

¿Cuál es la mejor forma de mostrar nuestro agradecimiento a Dios por las gracias recibidas? Pues el propio Jesús nos aclara: “La gloria de mi padre consiste en que Uds. den fruto abundante y así sean mis discípulos” (Juan 15, 8) ¿Y cuáles son esos frutos que debemos dar en abundancia para la gloria del Padre? Sin duda se refiere a los frutos del Espíritu Santo: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y templanza” (Gálatas 5, 22 – 23).

Una pequeña auto crítica

Vale la pena entonces preguntarse: ¿Nuestra personalidad tiene estas características? ¿Somos amorosos, alegres, amables y pacíficos? ¿Somos afables, bondadosos, dignos de confianza, pacientes y con dominio de sí? Comportándonos de esta manera es que mostramos gratitud a Dios por las bendiciones recibidas. También podemos considerar las obras de misericordia como frutos agradables a los ojos de Dios. Ya sean las siete corporales y las siete espirituales hay que sumarlos a todos los gestos y emprendimientos de amor que podamos imaginar. Ser discípulos de Jesús implica no solo ser alguien con hábitos y costumbres religiosas, sino una nueva criatura nacida de su amor (Juan 3, 1 – 21). Por ello San Pablo nos pide revestirnos del hombre nuevo, y renunciar al anterior (Efesios 4, 22 – 24). Nada hace más feliz a Dios que nos hagamos discípulos de Jesús, que nos convirtamos y que lleguemos a la salvación (Lucas 15, 7).

Publicado en el Blog de Luis Enrique Ascoy.

SAN ANTONIO DE PADUA


ANTONIO SAN...DE PADUA.B.MEGF.LUNES 13 DE JUNIO DE 2011.

Los padres de San Antonio eran muy ricos y querían ver a su hijo como distinguido hombre de sociedad. Él, en cambio, quería ser pobre por amor de Cristo y por eso se hizo franciscano.

Antonio era un gran predicador. Lo mandaron como misionero por numerosas ciudades por Italia y Francia. Convirtió a muchos pecadores sobre todo con su buen ejemplo. Cuentan que mientras oraba en su habitación se le apareció Jesús, le puso las manitas al cuello y lo besó. Antonio recibió esta gracia extraordinaria por que mantuvo su alma limpia incluso del mas mínimo pecado y amaba mucho a Jesús.

Cuando Antonio enfermó se retiró a un monasterio en las afueras de Padua, donde murió a la edad de 36 años, el 13 de Junio de 1231.

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SAN BERNABÉ (Apóstol)


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La historia de San Bernabé está escrita en el libro de Los Hechos de los apóstoles, en la S. Biblia. 

Antes se llamaba José, pero los apóstoles le cambiaron su nombre por el de Bernabé, que significa “el esforzado”, “el que anima y entusiasma”.

Era judío, de la tribu de Leví, pero nació en la isla de Chipre. Se hizo muy popular en la primitiva Iglesia porque vendió las fincas que tenía y luego llevó el dinero que obtuvo y se lo dio a los apóstoles para que lo repartieran a los pobres.

Un mérito formidable de San Bernabé es el haber descubierto el gran valor que había en aquel recién convertido que se llamaba Saulo y que más tarde se llamaría San Pablo. Cuando después de su conversión Saulo llegó a Jerusalén, los cristianos sospechaban de él y se le alejaban, pero entonces Bernabé lo tomó de la mano y lo presentó a los apóstoles y se los recomendó. Y el será el que lo encaminará después a emprender sus primeras grandes labores apostólicas.

La S. Biblia, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, hace de Bernabé unos elogios que es difícil encontrarlos respecto de otros personajes. Dice así: “Bernabé era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo” (Hechos 11, 24). Leer más de esta entrada

FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


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Ésta fiesta está íntimamente vinculada con la del Sagrado Corazón de Jesús, la cual se celebra el día anterior, viernes. Ambas fiestas se celebran, viernes y sábado respectivamente,  en la semana siguiente al domingo de Corpus Christi.  Los Corazones de Jesús y de María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad desde el momento de la Encarnación. La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de María. Por eso nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.

La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María “la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes”. Esta fiesta se celebra en la Iglesia todos los años el sábado siguiente al segundo domingo después Pentecostés.

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