Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Archivos en la Categoría: Catequesis

Video Catequesis. Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

Video Catequesis. Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

Evangelio del Domingo XXXI del Tiempo Ordinario, 04 de Noviembre de 2018


San Marcos 12, 28 – 34

En aquel tiempo, uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos. Le dijo el escriba: Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero
+ Obispo Prelado

El evangelio de este domingo pone de relieve la profundidad del amor que Cristo proclama: hay un amor que viene de Dios a nosotros; hay un amor que sube de nosotros a Dios, hay un amor de unos a los otros. Hemos de sumar estos tres amores para amar como Jesús.

“En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»”

Los rabinos, en tiempos de Jesús, discutían cuál de los mandamientos promulgados por Moisés, y multiplicados por la tradición oral, era el principal. Es un problema que para nosotros nos parece elemental, pero que estaba oscurecido por la maraña de los intelectuales de la época.

Contemplando a este escriba he de animarme a hablar con Jesús, a preguntarle muchas cosas.

“Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor.”

A aquél escriba, que parece que se acercó con buena intención, Jesús, repitiéndole la “Shemá“, le responde conservando intacta la validez de aquel precepto del Antiguo Testamento.

Los cristianos leemos el Antiguo Testamento a la luz de Cristo muerto y resucitado. Esta lectura manifiesta el contenido inagotable del Antiguo Testamento. Ello no debe hacer olvidar que el Antiguo Testamento conserva su valor propio de revelación que nuestro Señor mismo reafirmó. Por otra parte, leemos el Nuevo Testamento también a la luz del Antiguo.

Este es el mandamiento primero y principal. La unicidad de Dios funda ese radicalismo en las exigencias del amor: no hay varios dioses, varios “señores” entre los que dividir el corazón. De nada servirá cumplir todos los demás mandamientos sin cumplir este.

Es absolutamente necesario que el Ser supremo sea único, es decir, sin igual… Si Dios no es único, no es Dios” (Tertuliano). 

“Amarás al Señor, tu Dios.” El amor al Señor da sentido y valor a cada mandamiento, a cada acto de fidelidad. Para esto hemos sido creados, para amar a Dios. Y sólo este amor da sentido a nuestra vida, solamente Él nos puede hacer felices, nadie más que Él puede hacer que nos vaya bien.

“Con todo tu corazón.” Pues el amor a Dios no es una simple obligación, sino una necesidad, una respuesta espontánea al experimentar que Él nos ama primero.

“Con toda  tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” Precisamente porque el amor de Dios a nosotros ha sido y es sin medida, el nuestro para con Él no puede ser a ratos o en parte. No importa que nos sintamos poca cosa y limitados; la autenticidad de nuestro amor se manifiesta en que debe ser total, que no se reserve nada: todo nuestro tiempo, todas nuestras energías y capacidades, todos nuestros bienes. Es preciso que el amor arda en nosotros de pies a cabeza, del espíritu al cuerpo, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana, de la infancia a la vejez. Al Dios que es único le corresponde la totalidad de nuestro ser.

Jesús mismo confirma que Dios es “el único Señor” y que es preciso amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas. Deja al mismo tiempo entender que Él mismo es el Señor. Confesar que “Jesús es Señor” es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Único.

“El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»”

El apóstol san Pablo lo recuerda: “El que ama al prójimo ha cumplido la ley. En efecto, lo de: no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud” (Rm 13, 8-10).

En los mandamientos de Moisés, se incluía también el amor al prójimo, sin excluir a los extranjeros. Lo original de Jesús es unir ambos mandatos (a Dios y al prójimo) en un solo y principal precepto moral.  Jesús une estos dos preceptos que los judíos consideraban independientes. La revelación plena de la caridad nos dice que el amor a Dios y el amor al prójimo son un único río que brota de la misma fuente: El Espíritu del Padre y del Hijo, Espíritu de amor.

No es difícil entender cómo ha de ser nuestro amor al prójimo. Basta observar cómo nos amamos a nosotros mismos y comparar. Podemos y debemos amar al prójimo como a nosotros mismos porque forma parte de nosotros mismos, porque no nos es ajeno. Gracias a Cristo, el prójimo ha dejado de ser un extraño.

Los mandamientos deben ser interpretados a la luz del doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley. Jesús, en su mensaje, recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu operante ya en su letra. Desarrolló todas las exigencias de los mandamientos. El seguimiento de Jesucristo comprende el cumplir los mandamientos. La Ley no es abolida, sino que el hombre es invitado a encontrarla en la Persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta.

Lo que Dios manda lo hace posible por su gracia. Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo ama en nosotros a su Padre y a sus hermanos, nuestro Padre y nuestros hermanos. Su persona viene a ser, por obra del Espíritu, la norma viva e interior de nuestro obrar.

“El escriba replicó:—«Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»”

“Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.»”

Jesús alaba al escriba, le agradó su respuesta, en ella había recogido lo esencial de su doctrina al unir los dos amores. Ha saltado además por encima de su fariseísmo al expresar la superioridad del amor sobre todo acto de culto. Por eso Jesús le dijo: “No estás lejos del reino de Dios” y con esta expresión indica que, obedeciendo a la voluntad de Dios revelada por Moisés, el escriba sintonizaba con lo nuclear de su mensaje, pero aún le faltaba algo. En medio de la tiniebla del fariseísmo se abre un rayo de luz.

Que busque siempre la verdad con lealtad.

 

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO 17 DE OCTUBRE 2018


Este 24 de octubre, el Papa Francisco dedicó la catequesis al sexto mandamiento, que dice: “No cometerás adulterio”, durante la Audiencia General, celebrada en la Plaza de San Pedro. “El amor se manifiesta cuando se da todo sin reservas”, dijo el Papa, al resumir su catequesis en español. “El ser humano necesita ser amado sin condiciones, y cuando no encuentra este amor el corazón busca llenar ese vacío con sustitutos, aceptando compromisos y mediocridades”.

Video Catequesis. Domingo XXX del Tiempo Ordinario

DOMUND 2018 – domingo 21 de octubre


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Papa Francisco:

Mensaje para la Jornada Misionera Mundial
DOMUND 2018

¿Qué es el Domund?

El Domingo Mundial de las Misiones es el día en que la Iglesia universal reza por la actividad evangelizadora de los misioneros y misioneras, y colabora económicamente con ellos en su labor.

¿Por qué el Domund?

Porque el 37% de la Iglesia católica lo constituyen territorios de misión que dependen de la ayuda personal de los misioneros y de la colaboración económica de los fieles para realizar su labor.

¿Para qué el Domund?

Con los donativos se desarrollan proyectos sociales, educativos y sanitarios, además de necesidades como la construcción de iglesias y capillas, formación cristiana, compra de vehículos y un largo etcétera.

¿Cómo se distribuye el dinero del Domund?

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Video Catequesis. Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario

ANGELES CUSTODIOS


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En la Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”, un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos.
En el siglo II el gran sabio Orígenes señalaba que “los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

En el Nuevo Testamento es tan viva la creencia de que cada uno tiene un ángel custodio, que cuando San Pedro al ser sacado de la cárcel llega a llamar a la puerta de la casa donde están reunidos los discípulos de Jesús, ellos creen al principio, que no es Pedro en persona y exclaman: “Será su ángel” (Hechos 12, 15).

En el año 800 se celebraba en Inglaterra una fiesta a los Ángeles de la Guarda y desde el año 1111 existe una oración muy famosa al Ángel de la Guarda. Dice así: “Ángel del Señor, que por orden de su piadosa providencia eres mi guardián, custodiame en este día (o en esta noche) ilumina mi entendimiento, dirige mis afectos, gobierna mis sentimientos, para que jamás ofenda a Dios Señor. Amen.

Y en el año 1608 el Sumo Pontífice extendió a toda la Iglesia universal la fiesta de los Ángeles Custodios y la colocó el día 2 de octubre.

Video Catequesis. Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED


En castellano se le ha llamado en plural, Virgen de las Mercedes, que no corresponde con el sentido originario de la advocación. El significado del título “Merced” es ante todo “misericordia”. La Virgen es misericordiosa y también lo deben ser sus hijos. Esto significa que recurrimos a ella ante todo con el deseo de  asemejarnos a Jesús misericordioso.

El título mariano la Merced se remonta a la fundación de la Orden religiosa de los mercedarios el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, España. En esa época muchos eran cautivos de los moros y en su desesperación y abandono estaban en peligro de perder lo mas preciado: la fe católica. Nuestra bendita Madre del Cielo, dándose a conocer como La Merced, quiso manifestar su misericordia hacia ellos por medio de dicha orden dedicada a atenderlos y liberarlos.

Desde el siglo XIII es patrona de Barcelona y el 25 de septiembre de 1687 se proclamo oficialmente patrona de la ciudad. Es además patrona de los cautivos (presos) y de muchos países de Latinoamerica.

La talla de la imagen de la Merced que se venera en la basílica de la Merced de Barcelona es del siglo XIV, de estilo sedente, como las románicas. En catalán “Mare de Deu de la Mercé”, Madre de Dios de la Merced.

En el año 1696, el papa Inocencio XII extendió la fiesta de la Virgen de la Merced a toda la Iglesia, y fijó su fecha el 24 de septiembre. Pero a raíz de la reforma litúrgica del concilio Vaticano II, en el año 1969 la fiesta se suprimió del calendario universal.

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SAN JUAN MACÍAS


Nació en Rivera de Fresno, en Extremadura, España, el 2 de marzo de 1585. Era muy niño cuando sus padres murieron, quedando él bajo el cuidado de un tío suyo que lo hizo trabajar como pastor. Después de un tiempo conoció a un comerciante con el cual comenzó a trabajar, en 1616 el mercader viajó a América y Juan junto con él.

Llegó primero a Cartagena y de ahí decidió dirigirse al interior del Reino de Nueva Granada, visitó Pasto y Quito, para llegar finalmente al Perú donde se instalaría por el resto de su vida. Recién llegado obtuvo trabajo en una hacienda ganadera en las afueras de la capital y en estas circunstancias descubrió su vocación a la vida religiosa. Después de dos años ahorró un poco de dinero y se instaló definitivamente en Lima.

Repartió todo lo que tenía entre los pobres y se preparó para entrar a la Orden de Predicadores como hermano lego en el convento de dominicos de Santa María Magdalena donde había sido admitido. El 23 de enero de 1622 tomó los hábitos.

Su vida en el convento estuvo marcada por la profunda oración, la penitencia y la caridad. Por las austeridades a las que se sometía sufrió una grave enfermedad por la cual tuvo que ser intervenido en una peligrosa operación. Ocupó el cargo de portero y este fue el lugar de su santificación. El portón del monasterio era el centro de reunión de los mendigos, los enfermos y los desamparados de toda Lima que acudían buscando consuelo. El propio Virrey y la nobleza de Lima acudían a él en busca de consejos.

Andaba por la ciudad en busca de limosna para repartir entre los pobres. No se limitaba a saciar el hambre de pan, sino que completaba su ayuda con buenos consejos y exhortaciones en favor de la vida cristiana y el amor a Dios.

Murió el 16 de setiembre de 1645 y fue canonizado el 28 de setiembre de 1975 por Pablo VI.

FUENTE: aciprensa.com

Video Catequesis. Domingo XXV del Tiempo Ordinario

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