Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Archivos en la Categoría: Formación

Evangelio para niños del Domingo XXXIII del T.O. 18 de Noviembre de 2018

Evangelio del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, 18 de Noviembre de 2018


San Marcos 13, 24 – 32

En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.

Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.

COMENTARIO

Por + Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

Es ciertamente impresionante el lenguaje con el que Jesús, en el pasaje de hoy, describe el final de la historia. En este episodio del Evangelio se narran acontecimientos que se refieren al fin del mundo. Se describen señales precursoras verdaderas, para distinguirlas de las falsas, que tendrán lugar por efecto de la misma conturbación  de los últimos días; y luego la misma venida  del Señor.

Jesús responde a la pregunta que sus discípulos le han hecho sobre cuáles son las señales que anunciarán el fin de los tiempos: «En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -“En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán”».Todo ello indica un trastorno de carácter universal, después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa.  Leer más de esta entrada

Rezo del Angelus: 11 de noviembre de 2018


Durante el Ángelus de este 11 de noviembre, el Papa Francisco afirmó que “Dios no mide la cantidad sino la calidad, examina el corazón, mira la pureza de las intenciones”. Introduciendo la oración mariana desde la ventana del despacho apostólico, ante unos 20,000 fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, el Papa meditó sobre el Evangelio del día, en que se relata episodio de la viuda que dio dos pequeñas monedas al tesoro del templo. El Papa también recordó la próxima celebración de la Jornada Mundial de los Pobres, instituida por él mismo en su Carta Apostólica Misericordia et misera.

CANCIONERO CATOLICO

Video Catequesis. Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY 12-11-2018 (San Lucas 17,1-6.)


Aumentar nuestra fe en la Iglesia

Hoy desearía empezar algunas catequesis sobre el misterio de la Iglesia, misterio que todos nosotros vivimos y del que somos parte. Lo querría hacer con expresiones bien presentes en los textos del Concilio Ecuménico Vaticano II. Hoy la primera: la Iglesia como familia de Dios… La palabra misma “Iglesia”, del griego ekklesia, significa “convocación”: Dios nos convoca, nos impulsa a salir del individualismo, de la tendencia a encerrarse en uno mismo, y nos llama a formar parte de su familia… Todavía hay quien dice hoy: “Cristo sí, la Iglesia no”. Como los que dicen: “yo creo en Dios, pero no en los sacerdotes”. Pero es precisamente la Iglesia la que nos lleva a Cristo y nos lleva a Dios; la Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios. Cierto, también tiene aspectos humanos; en quienes la componen, pastores y fieles, existen defectos, imperfecciones, pecados; también el Papa los tiene, y tiene muchos, pero es bello que cuando nos damos cuenta de ser pecadores encontramos la misericordia de Dios, que siempre nos perdona. No lo olvidemos: Dios siempre perdona y nos recibe en su amor de perdón y de misericordia. Hay quien dice que el pecado es una ofensa a Dios, pero también una oportunidad de humillación para percatarse de que existe otra cosa más bella: la misericordia de Dios. Pensemos en esto. Preguntémonos hoy: ¿cuánto amo a la Iglesia? ¿Rezo por ella? ¿Me siento parte de la familia de la Iglesia? ¿Qué hago para que sea una comunidad donde cada uno se sienta acogido y comprendido, sienta la misericordia y el amor de Dios que renueva la vida? La fe es un don y un acto que nos incumbe personalmente, pero Dios nos llama a vivir juntos nuestra fe, como familia, como Iglesia.

Papa Francisco

Audiencia general 29/05/2013
(trad. © copyright Librería Editrice Vaticana)

FUENTE: http://evangeliodeldia.org

 

SAN JOSAFAT (Mártir)


Josafat es una palabra hebrea que significa “Dios es mi juez”.

La nación de Lituania es ahora de gran mayoría católica. Pero en un tiempo en ese país la religión era dirigida por los cismáticos ortodoxos que no obedecen al Sumo Pontífice. Y la conversión de Lituania al catolicismo se debe en buena parte a San Josafat. Pero tuvo que derramar su sangre, para conseguir que sus paisanos aceptaran el catolicismo.

Nació en 1580, de padres católicos fervorosos. Su madre le enseñó a mirar de vez en cuando el crucifijo y pensar en lo que Jesucristo sufrió por nosotros, y esto le emocionaba mucho y le invitaba a dedicar su vida por hacer amar más a Nuestro Salvador.

De joven entró de ayudante de un vendedor de telas, y en los ratos libres se dedicaba a leer libros religiosos. Esto le disgustaba mucho al principio al dueño del almacén, pero después, viendo que el joven se dedicaba con tanto esmero a los oficios que tenía que hacer, se dio cuenta de que las lecturas piadosas lo llevaban a ser más bueno y mejor cumplidor de su deber. Y tanto se encariñó aquel negociante con Josafat, que le hizo dos ofertas: permitirle casarse con su hija y dejarlo como heredero de todos sus bienes. El joven le agradeció sus ofrecimientos, pero le dijo que había determinado conseguir más bien otra herencia: el cielo eterno. Y que para ello se iba a dedicar a la vida religiosa. LEER MAS…

Evangelio para niños del Domingo XXXII del tiempo ordinario. 11 de noviembre de 2018

Evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, 11 de Noviembre de 2018


San Marcos 12, 38 – 44

Y él les enseñaba: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”.

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.

Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero

+Obispo Prelado

En el evangelio de este domingo Jesús nos enseña lo relativo que es el dinero y las riquezas. A Él le interesa más cómo se usa lo que se tiene  que cuánto se tiene y, sobre todo le importa infinitamente más lo que se es que lo que se tiene.

«En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la gente y les decía: -“¡Cuidado con los escribas!”» San Marcos presenta aquí un severísimo juicio contra los escribas o doctores de la ley. Las acusaciones de Jesús adquieren su verdadero sentido en el contexto de aquella cultura: «Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza»; usar el manto propio de la oración fuera del templo, era un signo de ostentación de religiosidad, es el pecado de orgullo; «buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes»; sentarse en el primer banco de la sinagoga, bajo el cual se guardaban los rollos de la ley, era señal de categoría social y se buscaba afanosamente, es el pecado de ser los primeros en todas partes. A todo esto se añaden gestos de hipocresía, rapiña y orgullo –«devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos»–, es el pecado de usar toda su habilidad en explotar jurídicamente a las mujeres pobres e indefensas. Por eso comprendemos por qué Jesús se muestra tan duro con ellos. Leer más de esta entrada

Video Catequesis. Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

Evangelio del Domingo XXXI del Tiempo Ordinario, 04 de Noviembre de 2018


San Marcos 12, 28 – 34

En aquel tiempo, uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos. Le dijo el escriba: Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero
+ Obispo Prelado

El evangelio de este domingo pone de relieve la profundidad del amor que Cristo proclama: hay un amor que viene de Dios a nosotros; hay un amor que sube de nosotros a Dios, hay un amor de unos a los otros. Hemos de sumar estos tres amores para amar como Jesús.

“En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»”

Los rabinos, en tiempos de Jesús, discutían cuál de los mandamientos promulgados por Moisés, y multiplicados por la tradición oral, era el principal. Es un problema que para nosotros nos parece elemental, pero que estaba oscurecido por la maraña de los intelectuales de la época.

Contemplando a este escriba he de animarme a hablar con Jesús, a preguntarle muchas cosas.

“Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor.”

A aquél escriba, que parece que se acercó con buena intención, Jesús, repitiéndole la “Shemá“, le responde conservando intacta la validez de aquel precepto del Antiguo Testamento.

Los cristianos leemos el Antiguo Testamento a la luz de Cristo muerto y resucitado. Esta lectura manifiesta el contenido inagotable del Antiguo Testamento. Ello no debe hacer olvidar que el Antiguo Testamento conserva su valor propio de revelación que nuestro Señor mismo reafirmó. Por otra parte, leemos el Nuevo Testamento también a la luz del Antiguo.

Este es el mandamiento primero y principal. La unicidad de Dios funda ese radicalismo en las exigencias del amor: no hay varios dioses, varios “señores” entre los que dividir el corazón. De nada servirá cumplir todos los demás mandamientos sin cumplir este.

Es absolutamente necesario que el Ser supremo sea único, es decir, sin igual… Si Dios no es único, no es Dios” (Tertuliano). 

“Amarás al Señor, tu Dios.” El amor al Señor da sentido y valor a cada mandamiento, a cada acto de fidelidad. Para esto hemos sido creados, para amar a Dios. Y sólo este amor da sentido a nuestra vida, solamente Él nos puede hacer felices, nadie más que Él puede hacer que nos vaya bien.

“Con todo tu corazón.” Pues el amor a Dios no es una simple obligación, sino una necesidad, una respuesta espontánea al experimentar que Él nos ama primero.

“Con toda  tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.” Precisamente porque el amor de Dios a nosotros ha sido y es sin medida, el nuestro para con Él no puede ser a ratos o en parte. No importa que nos sintamos poca cosa y limitados; la autenticidad de nuestro amor se manifiesta en que debe ser total, que no se reserve nada: todo nuestro tiempo, todas nuestras energías y capacidades, todos nuestros bienes. Es preciso que el amor arda en nosotros de pies a cabeza, del espíritu al cuerpo, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana, de la infancia a la vejez. Al Dios que es único le corresponde la totalidad de nuestro ser.

Jesús mismo confirma que Dios es “el único Señor” y que es preciso amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas. Deja al mismo tiempo entender que Él mismo es el Señor. Confesar que “Jesús es Señor” es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Único.

“El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.»”

El apóstol san Pablo lo recuerda: “El que ama al prójimo ha cumplido la ley. En efecto, lo de: no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud” (Rm 13, 8-10).

En los mandamientos de Moisés, se incluía también el amor al prójimo, sin excluir a los extranjeros. Lo original de Jesús es unir ambos mandatos (a Dios y al prójimo) en un solo y principal precepto moral.  Jesús une estos dos preceptos que los judíos consideraban independientes. La revelación plena de la caridad nos dice que el amor a Dios y el amor al prójimo son un único río que brota de la misma fuente: El Espíritu del Padre y del Hijo, Espíritu de amor.

No es difícil entender cómo ha de ser nuestro amor al prójimo. Basta observar cómo nos amamos a nosotros mismos y comparar. Podemos y debemos amar al prójimo como a nosotros mismos porque forma parte de nosotros mismos, porque no nos es ajeno. Gracias a Cristo, el prójimo ha dejado de ser un extraño.

Los mandamientos deben ser interpretados a la luz del doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley. Jesús, en su mensaje, recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu operante ya en su letra. Desarrolló todas las exigencias de los mandamientos. El seguimiento de Jesucristo comprende el cumplir los mandamientos. La Ley no es abolida, sino que el hombre es invitado a encontrarla en la Persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta.

Lo que Dios manda lo hace posible por su gracia. Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo ama en nosotros a su Padre y a sus hermanos, nuestro Padre y nuestros hermanos. Su persona viene a ser, por obra del Espíritu, la norma viva e interior de nuestro obrar.

“El escriba replicó:—«Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»”

“Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.»”

Jesús alaba al escriba, le agradó su respuesta, en ella había recogido lo esencial de su doctrina al unir los dos amores. Ha saltado además por encima de su fariseísmo al expresar la superioridad del amor sobre todo acto de culto. Por eso Jesús le dijo: “No estás lejos del reino de Dios” y con esta expresión indica que, obedeciendo a la voluntad de Dios revelada por Moisés, el escriba sintonizaba con lo nuclear de su mensaje, pero aún le faltaba algo. En medio de la tiniebla del fariseísmo se abre un rayo de luz.

Que busque siempre la verdad con lealtad.

 

Evangelio de la Solemnidad de Todos los Santos, 01 de Noviembre de 2018


San Mateo 5, 1 – 12

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.

Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos , porque ellos posseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero
+ Obispo Prelado

¡Dios es Santo y Feliz! ¡Dios ha creado al hombre para la felicidad! ¡La felicidad es la gran aspiración de todo ser humano! Los santos son las personas más felices, más bienaventurados,  más dichosos, porque son los que más participan de la santidad de Dios.

El pasaje del Evangelio que comentamos aquí corresponde al momento en que Cristo comienza a explicitar su innovadora doctrina, transcurrido algunos meses desde el inicio de su vida pública. Ahora se hallaba en los alrededores de Cafarnaúm, junto al Mar de Galilea, adonde “la muchedumbre, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles”.

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