La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Archivos en la Categoría: Lectio Divina

Evangelio del Domingo XV del Tiempo Ordinario, 15 de julio de 2018


San Marcos 6,7-13

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

En el Evangelio de este domingo, Jesús toma la iniciativa de enviar los doce Apóstoles en misión. “Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros”. 

La palabra «apóstoles» significa justamente «enviados, mandados». Su vocación se realizará plenamente luego de la resurrección de Cristo, con el don del Espíritu Santo en Pentecostés. Sin embargo, es muy importante que desde el principio Jesús quiera hacer partícipes a los Doce en su acción: es una especie de «aprendizaje» con vistas a la gran responsabilidad que les espera. El hecho que Jesús llame algunos discípulos a colaborar directamente en su misión, manifiesta un aspecto de su amor: El no desdeña la ayuda que otros hombres puedan aportar a su obra; conoce sus limitaciones, sus debilidades, pero no las desprecia, es más, les confiere la dignidad de ser sus enviados

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Evangelio para niños del Domingo XV del tiempo ordinario. 15 de julio de 2018

VIDEOCATEQUESIS: Evangelio del Domingo XV del tiempo ordinario, 15 de julio de 2018

Evangelio del Domingo XIV del Tiempo Ordinario, 8 de julio de 2018


San Marcos 6,1-6

Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”.
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

“En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía  de sus discípulos. He aquí de nuevo a Jesús en Nazaret.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga”. El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, lo vemos cómo ese día enseñaba en la sinagoga, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. Con compasión, Cristo proclama que es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal. El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios.  Él es Señor del sábado, porque sabe que cuando llegue su Reino, allí todos los días serán sábado, porque todos los días serán de Dios y de la alegría.

El Catecismo nos enseña: El domingo se distingue expresamente del sábado, al que sucede cronológicamente cada semana, y cuya prescripción litúrgica reemplaza para los cristianos. Realiza plenamente, en la Pascua de Cristo, la verdad espiritual del sábado judío y anuncia el descanso eterno del hombre en Dios. Porque el culto de la ley preparaba el misterio de Cristo, y lo que se practicaba en ella prefiguraba algún rasgo relativo a Cristo. Leer más de esta entrada

VIDEOCATEQUESIS: Evangelio del Domingo XIV del tiempo ordinario, 8 de julio de 2018

La Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio de 2018


 San Lucas 1,57-66.80

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;
pero la madre dijo: “No, debe llamarse Juan”. Ellos le decían: “No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre”. Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: “Su nombre es Juan”. Todos quedaron admirados.
Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: “¿Qué llegará a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel..

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

“A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo”. Fue ello causa de admiración y alegría para los parientes y vecinos de Isabel y Zacarías. Dios había dado a la anciana madre una hermosa prueba de su misericordia haciendo desaparecer su esterilidad y el oprobio que ésta llevaba consigo. “Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban”. Este nacimiento era presagio de bienaventuranza para todos. Leer más de esta entrada

VIDEOCATEQUESIS: Evangelio del Domingo de la Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio de 2018

Evangelio del Domingo XI del tiempo ordinario, 17 de junio de 2018


San Marcos 4,26-34

Y decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”.
También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”.
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Las dos parábolas de este domingo tienen en común el símbolo de la germinación, de la fuerza de la vida naciente. Jesús ve así su obra. Jesús proclama la cercanía del Reino de Dios. El Reino de Dios comienza como un gran tiempo de cosecha.

“Cristo, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el Reino de los cielos” (Concilio Vaticano II. LG 3). La voluntad del Padre es “elevar a los hombres a la participación de la vida divina” (LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra “el germen y el comienzo de este Reino” (LG 5). Leer más de esta entrada

Evangelio para niños del Domingo XI del tiempo ordinario. 17 de junio de 2018

Evangelio del Domingo del CORPUS CHRISTI, 3 de Junio de 2018


San Marcos 14,12-16.22-26.

El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?”.
El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo,
y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?’.
El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”.
Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi Cuerpo”.
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella.
Y les dijo: “Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos.
Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.
Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.


COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

“El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de pascua?»”. Los panes ácimos que Israel comía cada año en la Pascua conmemoraban la salida apresurada y liberadora de Egipto, el recuerdo del maná del desierto y el pan de cada día, fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus promesas. Jesús escogió el tiempo de la Pascua para realizar lo que había anunciado en Cafarnaúm: dar a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre.

“El envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad, encontrarán un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y en la casa en que entre, díganle al dueño: El Maestro pregunta: «¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?». Leer más de esta entrada

VIDEOCATEQUESIS: Evangelio del Domingo del “Corpus Christi”, 3 de junio de 2018

Evangelio del Domingo de la SANTÍSIMA TRINIDAD, 27 de mayo de 2018


 San Mateo 28,16-20

Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.


COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado”.

Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas. Les invita así a reconocer que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado. Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo, las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere porque su humanidad ya no puede ser retenida en la tierra y no pertenece ya más que al dominio divino del Padre. Leer más de esta entrada

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