Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Archivos en la Categoría: Lectio Divina

Evangelio del II Domingo del Tiempo Ordinario, 20 de Enero de 2019


San Juan 2,1-11 

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.

Jesús también fue invitado con sus discípulos.

Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”.

Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”.

Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”.

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.

Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde.

“Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo

y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”.

Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero
+ Obispo Prelado

“Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda”.

La vida pública de Jesús comienza asistiendo a una fiesta de bodas. Porque el anuncio de la Buena Noticia sólo puede empezar con un estallido de alegría. Cristo no se presenta ante los hombres como un enemigo de la alegría y la sana fiesta humana. El es capaz de alejar del corazón humano el aburrimiento. Jesús llega a un mundo demasiado triste y aburrido y entra en él por la puerta de la alegría. El es la fuente de nuestra paz y alegría. En Caná Jesús pone de relieve la importancia de virtudes como la sencillez, la sinceridad ante la vida, el amor y la amistad con la gente pequeña, las cotidianas alegrías de la vida… En su predicación aparecerá varias veces la referencia a las bodas y a los banquetes como signo de la presencia del Reino de Dios.

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Evangelio del Domingo de la Sagrada Familia, 30 de Diciembre de 2018


30diciembre2012

San Lucas 2, 41-52.

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 

Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. 

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. 

Jesús les respondió: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”.

Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. 

Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres. 

COMENTARIO

Por Jesús Álvarez SSP

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser.  Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía:“Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.”El les contestó:“¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?”Pero ellos no comprendieron esta respuesta. Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres”.(Lc 2, 41-52) Leer más de esta entrada

Evangelio del Domingo IV de Adviento, 23 de Diciembre de 2018


San Lucas 1, 39-45.

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

“¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. 

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

COMENTARIO

+ Rafael Escudero López-Brea

          Obispo de Moyobamba

En vísperas de la Navidad el evangelio de este domingo nos presenta a María en la narración de la visita que hace a su pariente Isabel.

El Ángel anunció a la Virgen María la maternidad de Isabel, una mujer estéril y ya entrada en años, manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place. Que para Él no hay nada imposible.

Dice San Ambrosio: “Desde que lo supo, María, no por falta de fe en la profecía, no por incertidumbre respecto al anuncio, no por duda acerca del ejemplo indicado por el Ángel, sino con el regocijo de su deseo, como quien cumple un piadoso deber”, presurosa por el gozo “se puso en camino y fue deprisa a la montaña; a un pueblo de Judá…”.

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Evangelio del Domingo III de Adviento, 16 de Diciembre de 2018


16diciembre2012

San Lucas 3, 10-18.

La gente le preguntaba: “¿Qué debemos hacer entonces?”.  El les respondía: “El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto”. 

Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?”.  El les respondió: “No exijan más de lo estipulado”. A su vez, unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?”. Juan les respondió: “No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo”. 

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible”. Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

COMENTARIO

+ Rafael Escudero López-Brea

          Obispo de Moyobamba

La predicación del Bautista no carece de eficacia: el pueblo se bautiza y confiesa sus pecados; se acercan a él las diversas clases de la sociedad y le piden consejo para vivir. Y le preguntaba la gente: ¿Entonces qué hacemos? Si es inminente el juicio del Mesías, ¿cómo nos libraremos de él?

Y él les contestó: el que tenga  dos túnicas dé una al que no tiene, y el que tiene comida haga lo mismo. A la dureza quiere que suceda la misericordia, a la avaricia, la limosna; al egoísmo, la caridad. La limosna redime los pecados, y la misericordia con los pobres borra la propia iniquidad.

Hasta los publicanos, cobradores de tributos, gente dura de corazón, odiados por el pueblo, se estremecieron ante la predicación de Juan. Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: Maestro, ¿qué hacemos nosotros?Reconociéndole como maestro, se muestran preparados para el bautismo y el cambio de vida. El Bautista no les exige más que el cumplimiento de su oficio dentro de la más estricta justicia; no les impone, como hacían los fariseos con todo el mundo, cargas insoportables: No exijan más de lo establecido. Leer más de esta entrada

Evangelio del Domingo II de Adviento, 8 de Diciembre de 2018


9diciembre2012

San Lucas 3,1-6.

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. 

Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios.

COMENTARIO

+ Rafael Escudero López-Brea

          Obispo de Moyobamba

El Evangelio de este segundo Domingo del tiempo de Adviento está centrado en la figura de San Juan Bautista, la voz provisional que clama en el desierto.

San Juan Bautista, pasó su juventud en el desierto, preparándose para su ministerio de Pre­cursor del Mesías. En el evangelio de hoy hace su aparición pública a orillas del río Jor­dán. Con razón empiezan los evangelistas la descripción de la vida pública de Jesús por la predicación del Bautista. Es ésta como la aurora del Evangelio. Hasta en el orden doctrinal la predicación del Bautista coincide con los comienzos de la predicación de Jesús. Es el gran profeta que llega hasta el mismo umbral del Evangelio, para desaparecer después que ha señalado a las multitudes al Salvador.  Leer más de esta entrada

Evangelio del Domingo I de Adviento, 2 de Diciembre de 2018


San Lucas 21,25-28.34-36.

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. 

Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. 

Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.

COMENTARIO

+ Rafael Escudero López-Brea

          Obispo de Moyobamba

Jesús en el Evangelio de este primer domingo de Adviento nos habla sobre los últimos acontecimientos y el desenlace final de la vida humana y nos hace una llamada a la vigilancia activa en la espera del Señor. El Evangelio centra nuestra atención en la última venida de Cristo. Jesús siempre se negó a dar la fecha de su segunda y última venida. La consecuencia es la insistencia en la vigilancia, pues el Señor puede venir inesperadamente y encontrarnos dormidos. Finalmente, subraya el carácter universal de esta llamada a la vigilancia.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán”.

El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa. Leer más de esta entrada

Evangelio para niños del Domingo Jesucristo Rey del universo. 25 de Noviembre de 2018

Evangelio del Domingo Solemnidad de Cristo Rey del Universo, 25 de Noviembre de 2018


San Juan 18,33b-37

Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. 

Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”. 

Pilato replicó: “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”. 

Jesús respondió: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”. 

Pilato le dijo: “¿Entonces tú eres rey?”.

Jesús respondió: “Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.

COMENTARIO

por Monseñor + Rafael Escudero

Obispo Prelado

La Iglesia ha querido que este último domingo del tiempo ordinario esté dedicado a honrar la figura de Cristo como Rey del universo. La fiesta fue instituida por el Papa Pío XI, en el año 1925. En el texto del evangelista san Juan se desarrolla un diálogo de hondo contenido teológico entre Pilatos, gobernador romano, y Jesús.

Las autoridades judías presionaban al gobernador romano para que condenara a muerte a Jesús; argumentaban que Él se había presentado ante el pueblo como rey de los judíos, lo cual implicaba declararse en franca rebeldía contra el emperador romano. Leer más de esta entrada

Video Catequesis. Solemnidad de Cristo Rey del Universo

Evangelio para niños del Domingo XXXIII del T.O. 18 de Noviembre de 2018

Evangelio del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, 18 de Noviembre de 2018


San Marcos 13, 24 – 32

En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.

Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.

COMENTARIO

Por + Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

Es ciertamente impresionante el lenguaje con el que Jesús, en el pasaje de hoy, describe el final de la historia. En este episodio del Evangelio se narran acontecimientos que se refieren al fin del mundo. Se describen señales precursoras verdaderas, para distinguirlas de las falsas, que tendrán lugar por efecto de la misma conturbación  de los últimos días; y luego la misma venida  del Señor.

Jesús responde a la pregunta que sus discípulos le han hecho sobre cuáles son las señales que anunciarán el fin de los tiempos: «En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -“En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán”».Todo ello indica un trastorno de carácter universal, después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa.  Leer más de esta entrada

Video Catequesis. Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

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