La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY 26-04-2017 (San Juan 3,16-21.) miércoles de la segunda semana de Pascua


“El que cree en mi no morirá, sino que obtendrá la vida eterna”

¿Qué nos está diciendo pues la cruz de Cristo, que es en cierto sentido la última palabra de su mensaje y de su misión mesiánica? Y sin embargo ésta no es aún la última palabra del Dios de la alianza: esa palabra será pronunciada en aquella alborada, cuando las mujeres primero y los Apóstoles después, venidos al sepulcro de Cristo crucificado, verán la tumba vacía y proclamarán por vez primera: «Ha resucitado». Ellos lo repetirán a los otros y serán testigos de Cristo resucitado.

No obstante, también en esta glorificación del hijo de Dios sigue estando presente la cruz, la cual —a través de todo el testimonio mesiánico del Hombre-Hijo— que sufrió en ella la muerte, habla y no cesa nunca de decir que Dios-Padre, que es absolutamente fiel a su eterno amor por el hombre, ya que «tanto amó al mundo —por tanto al hombre en el mundo— que le dio a su Hijo unigénito, para que quien crea en él no muera, sino que tenga la vida eterna».

Creer en el Hijo crucificado significa «ver al Padre», (Jn 14,9) significa creer que el amor está presente en el mundo y que este amor es más fuerte que toda clase de mal, en que el hombre, la humanidad, el mundo están metidos. Creer en ese amor significa creer en la misericordia. En efecto, es ésta la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre y a la vez el modo específico de su revelación y actuación respecto a la realidad del mal presente en el mundo que afecta al hombre y lo asedia, que se insinúa asimismo en su corazón y puede hacerle  «perecer en la gehenna” (Mt 10,28).

San Juan Pablo II (1920-2005)

Papa
Encíclica «Dives in misericordia», § 7 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)

FUENTE: http://evangeliodeldia.org

EVANGELIO DEL DOMINGO III DE PASCUA, 30 de abril de 2017


Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.Él les dijo:-« ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? »Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:-«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»Él les preguntó:-«¿Qué?»Ellos le contestaron:-«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron tambien al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»Entonces Jesús les dijo:-« ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:-«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.Ellos comentaron:-«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:-«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

“Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a un pueblo llamado Emaús, distante unos once kilómetros de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido”. Es la historia de dos seguidores del Maestro que en la tarde del domingo regresan a su pueblo. Conocemos el nombre del más importante de ellos, llamado Cleofás. Nada sabemos del otro. Vivían en un pueblo llamado Emaús, en los alrededores de Jerusalén.

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Misa de Pascua por el Papa Francisco. Domingo de Resurrección

Capilla de adoracion eucarística en directo (online/en vivo)

LA PASCUA JUDÍA Y LA PASCUA CRISTIANA


Hay también muchos peregrinos judíos en estos días en Jerusalén, llegados para celebrar Pésaj, la Pascua judía, que este año coincide con la cristiana.
El padre David Neuhaus nos invita a reflexionar sobre ‘las Pascuas de Jerusalén’, muy distintas, pero, a la vez, muy parecidas…

Video: Comentario Evangelio del Domingo de Resurrección. Por Monseñor Rafael Escudero

VIERNES SANTO: COLECTA POR TIERRA SANTA

SÁBADO SANTO, ¿QUÉ CELEBRAMOS?

Jueves Santo Misa de la Cena del Señor


 

La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar concretamente en el misterio de la Pasión de Cristo, ya que quien desee seguirle tiene que sentarse a su mesa y, con máximo recogimiento, ser espectador de todo lo que aconteció ‘en la noche en que iban a entregarlo’. Y por otro lado, el mismo Señor Jesús nos da un testimonio idóneo de la vocación al servicio del mundo y de la Iglesia que tenemos todos los fieles cuando decide lavarle los pies a sus discípulos.

En este sentido, el Evangelio de San Juan presenta a Jesús ‘sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía’ pero que, ante cada hombre, siente tal amor que, igual que hizo con sus discípulos, se arrodilla y le lava los pies, como gesto inquietante de una acogida incansable.

La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cuál Jesús, un día como hoy, la víspera de su pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mt 28, 26). Él quiso que, como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19).

Así nos lo quiso recordar nuestro Obispo Prelado ayer en la celebración Solemne de la Cena del Señor, ofreciéndonos una sencilla y profunda reflexión sobre el misterio de la Eucaristía.

Texto Completo de la Homilia de Monseñor Rafael en la Misa de la Cena del Señor. Leer más de esta entrada

VIDEOCATEQUESIS: Evangelio del Domingo de Pascua de Resurrección, 16 de abril de 2017

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