Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Archivos en la Categoría: Liturgia

Evangelio del Domingo III de Cuaresma, 24 de marzo de 2019


3marzo2013

San Lucas 13, 1-9.

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.  

El les respondió: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”. 

Les dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’. Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'”.

COMENTARIO

Por  Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

El evangelio de este domingo es el evangelio de la verdadera interpretación de los acontecimientos humanos y de los desastres naturales, en definitiva de los signos de los tiempos.

“Se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían… Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé”.

Algunos cuentan al Señor dos sucesos; uno la represión política llevada a cabo por Pilato contra la revuelta de los zelotes que pretendía derribar el poder romano; el otro es un accidente fortuito, se desplomó la torre de Siloé y mató a dieciocho personas. Le piden al Señor una interpretación fidedigna. Estos dos hechos trágicos sirvieron a Jesús para iluminar un problema teológico: el del castigo de Dios a los pecadores, ya en este mundo. Leer más de esta entrada

Evangelio del Domingo II de Cuaresma, 17 de marzo de 2019


San Lucas 9, 28b-36.

Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén. 

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. 

Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. El no sabía lo que decía. 

Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”. 

Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

COMENTARIO

Por  Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

El evangelio de este domingo es toda una provocación a contemplar el rostro radiante de Cristo en el misterio de la Transfiguración. Los apóstoles habían quedado sobrecogidos y entristecidos ante el anuncio, por parte de Jesús, de su pasión, muerte y resurrección. La Transfiguración no es sólo revelación de la gloria de Cristo, sino también preparación para afrontar la cruz. El episodio de la Transfiguración marca un momento decisivo en el ministerio de Jesús. Es un acontecimiento de revelación que consolida la fe en el corazón de los discípulos, les prepara al drama de la cruz y anticipa la gloria de la resurrección. Este misterio es vivido continuamente por la Iglesia, pueblo en camino hacia el encuentro con su Señor. Como los tres apóstoles escogidos, la Iglesia contempla el rostro transfigurado de Cristo, para confirmarse en la fe y no desfallecer ante su rostro desfigurado en la Cruz. En un caso y en otro, ella es la Esposa ante el Esposo, partícipe de su misterio y envuelta por su luz.

Esta luz llega a todos los hijos de la Iglesia, llamados a seguir a Cristo poniendo en Él el sentido último de la propia vida, hasta poder decir con el Apóstol: « Para mí la vida es Cristo » (Flp 1, 21). Leer más de esta entrada

Capilla de adoración eucarística en directo (online/en vivo)

Los cinco consejos de Papa Francisco para la Cuaresma 2019


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El Papa da pistas para acabar con los “profestas estafadores” y evitar que el amor “se enfríe”, además de revitalizar la llamada eclesial a la oración, la limosna y el ayuno.

Una cita del Evangelio de Mateoque sitúa a Jesús en el Monte de los Olivos –“Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”- es el punto de partida para el Mensaje de Cuaresma 2019 del Papa. Francisco lanza cinco propuestas a los cristianos para que no se apague “la caridad en los corazones”, consciente además de que “el corazón de Dios no se apaga”.

1. Alerta ante los profetas estafadores

El Papa pide estar alerta ante los “falsos profetas” que hoy se esconden detrás de quienes ofrecen “un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad”: la ilusión del dinero, el falso remedio de la droga, las relaciones de usar y tirar, la vanidad que se esconde tras la mentira y confunde el bien y el mal… ¿Consejo del Papa para evitar a estos encantadores de serpientes? “Aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios”.

2. Evita que el amor se enfríe

Francisco pregunta a los creyentes: “¿Cómo se enfría en nosotros la caridad?”. Y señala algunas respuestas, entre las que se encuentra “el rechazo de Dios” que deviene en una violencia con consecuencias inmediatas: rechazar también al “niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que corresponde a nuestras expectativas”. Esta frialdad también se traduce para Francisco en dejadez en el cuidado de la creación y la falta del “entusiasmo misionero” en las comunidades eclesiales.  En este punto, Jorge Mario Bergoglio recuerda los efectos de este estado de congelación: “la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse…”.

3. Más tiempo de oración

El Papa argentino apunta cómo la Iglesia en esta Cuaresma propone “el dulce remedio de la oración” como la vía para hacer que “nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos”. Para Francisco, solo desde ese silencio orante se puede encontrar “finalmente el consuelo de Dios”. Por eso, invita a toda la Iglesia a participar en la iniciativa “24 horas con el Señor” que se celebrará el 29 y 30 de marzo y que se centrará en el Sacramento de la Reconciliación.

4. La limosna como estilo de vida

“¡Cuánto desearía que la limosna se convirtiera en un auténtico estilo de vida!”. Este deseo del Papa lo expresa con el convencimiento de que la limosna “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es solo mío”. Así, insta a los creyentes a “compartir nuestros bienes” como los apóstoles.  “Cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos”, apostilla.

5. Un ayuno que despierta

El Papa recomienda dar sentido a la tradicional práctica del ayuno en Cuaresma como un gesto que “debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer”. De esta manera, está convencido de que ayuda a todo cristiano a experimentar “lo que siente aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre”. ¿Consecuencia inmediata? “El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo”, apostilla con un recordatorio final: “Dios es el único que sacia nuestra hambre”.

 

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2019


Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2019

La Santa Sede difundió este martes 26 de febrero el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de este 2019 titiulado “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”, en el que hace un llamado a la conversión mediante el ayuno, la oración y la limosna.

“Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que ‘será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios’. No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales”.

 

A continuación, el texto completo del mensaje:

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2019

 

“La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).

Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención.

Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.

Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo.

El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1).

Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.

Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3).

Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión.

Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.


Esc. Papa Francisco

Franciscus

Evangelio del Domingo I de Cuaresma, 10 de marzo de 2019


17febrero2013

San Lucas 4, 1-13.

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. 

El demonio le dijo entonces: “Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan”. 

Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan”. 

Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: “Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá”. 

Pero Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto”. 

Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”. 

Pero Jesús le respondió: “Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. 

Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

COMENTARIO

Por  Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, fue llevado por el desierto”

En el evangelio de este domingo contemplamos a Jesús, lleno del Espíritu y llevado por Él al desierto, para prepararse a su ministerio público.

El Espíritu no está simplemente sobre Jesús, sino que lo llena, lo penetra, lo invade en su ser y en su obrar. El Espíritu es el principio de la consagración y de la misión del Mesías. Por la fuerza del Espíritu, Jesús pertenece total y exclusivamente a Dios, participa de la infinita santidad de Dios que lo llama, elige y envía. El Espíritu del Señor ha consagrado a Cristo y lo ha enviado a anunciar el Evangelio.

Este mismo Espíritu del Señor está también sobre todos y cada uno de nosotros, Pueblo de Dios, constituido como pueblo consagrado a Él en el bautismo y enviado por Él al mundo para anunciar el Evangelio que nos salva. Todos los miembros del Pueblo de Dios somos marcados por el Espíritu y llamados a la santidad. ¡Cuántas cosas haríamos si nos dejásemos guiar por el Espíritu santo!

El desierto es un lugar de gracia, de la presencia de Dios, lugar de transformación, de conversión; el desierto hace fuerte al hombre, lo hace sencillo, amable, bueno. El desierto es lugar de silencio y soledad, tan necesarios para la oración y el encuentro con Dios, para abrir los ojos y dejarse sorprender por Él. El desierto es también un lugar de purificación, de encuentro con uno mismo, de lucha contra las pasiones que quieren dominarnos; el silencio y la soledad del desierto nos fascinan y aterran, nos descubren nuestras infidelidades y flaquezas. Leer más de esta entrada

APOLOGÉTICA CATÓLICA (I cap.) – B


LA APOLOGETICA, ECUMENISMO Y DIALOGO INTERRELIGIOSO

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0.-INTRODUCCIÒN:

-Momentos antes de su dolorosa pasión, antes de llegar al otro lado del Torrente Cedrón (Juan 18:1) donde Jesús sería apresado, pronunció las palabras que acabamos de leer. ¿Por qué elegiría el Señor este momento? Sencillamente porque la división entre los cristianos es un dolor tan grande para el cuerpo de Cristo como la pasión que sufrió…deberíamos pensar que cada latigazo que recibió en su espalda es la escisión de una parte de su cuerpo, la creación de una nueva secta o grupo religioso. Cada golpe que le dieron es como si un católico abandonará su propia fe. Por este motivo y no por otro, el Señor pronunció estas palabras de unidad instantes antes de su detención. Era su mayor deseo, que todos fueran uno. Pero este deseo del Señor, sabemos que se cumplirá sin embargo para que esto pase es necesario que nosotros colaboremos.

-Es por todo esto por lo que un católico debe saber y conocer de su fe, cuanto más mejor, de forma que pueda ser guía, enseñar , exhortar, a otros que no sean tan doctos con el fin de que ninguno se desvíe del camino verdadero que es Jesucristo. Para ello el católico debe poseer una serie de medios no solamente de conocimientos, de nada te sirve saber mucho sino sabes como enseñarlo , como predicarlo…. Es por eso que es necesario conocer los “medios de dialogo, medios de defensa y exposición de la sana doctrina”. Pues bien estos medios se clasifican en 3 grupos:

-APOLOGETICA O DEFENSA DE LA FE.

-ECUMENISMO.

-DIALOGO INTERRELIGIOSO.

-Trataremos en este tema de dar al lector unas nociones básicas sobre cada uno de ellos de forma que le ayuden a comprender su importancia así como la enseñanza de la Iglesia sobre ellos.

1.-LA APOLOGÉTICA EN LA ESCRITURA:

-En el tema anterior se ha hablado de una manera magistral de la apologética, por lo que repetirlo aquí de nuevo sería absurdo, no obstante quiero recalcar que la propia Escritura nos habla sobre la apologética: Leer más de esta entrada

APOLOGÉTICA CATÓLICA (I cap.) – A


LA APOLOGETICA, ECUMENISMO Y DIALOGO INTERRELIGIOSO

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La mentira se descubre si se examina detenidamente y eso lo sabe el mentiroso, por eso evitará a toda costa dedicar más de un minuto a la explicación de los hechos, cambiará de tema, se ofenderá y tratará de retirarse. No lo dejes ir.

Esta frase que encontré en Internet refleja muy bien hoy día, una realidad dada en todos campos no sólo el religioso. Y es que estamos expuestos a la calumnia, a la desinformación y la negación; muchas veces sin más argumento que el subjetivo: no me gusta, no creo, no me parece, prefiero pensar que…siendo que estos no son realmente argumentos que puedan corresponder a un análisis serio o por lo menos teniendo en cuenta los criterios del método científico[1]

Refiriéndonos al ámbito religioso, hoy día hay una oferta abundante de credos, doctrinas y creencias; para todos se podría decir, que para poder sobrevivir en audiencia se han tenido que valer de argucias, ofrecimientos mágicos y denigración de los rivales. Por ejemplo, José Luis de Jesús Miranda se hacía llamar Jesús Hombre y decía que era Cristo que vino por segunda vez, haciendo que sus fieles se tatuaran con el 666. Murió como un mortal más. Leer más de esta entrada

Evangelio del domingo VII del Tiempo Ordinario, 24 de febrero de 2019


San Lucas 6,27.38

“Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntala también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que éstos correspondan con algo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos ustedes.”

Comentario al evangelio

Por Mons. Rafael Escudero López-Brea

Obispo prelado de Moyobamba

La propuesta de Jesús rompe muchos esquemas, va mucho más allá de lo que llamamos justicia en las relaciones humanas. Una justicia que está hecha de leyes y normas, y que tiene en cuenta la reciprocidad: Ya que tú me amas y me valoras, yo te correspondo en la misma medida. El Señor rompe esta dinámica.

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: A los que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian”.

Todos los bautizados son discípulos de Jesús y están llamados a escúchalo y a imitarlo. Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía “enemigos” (Rm 5, 10). El Señor nos pide que amemos como Él hasta a nuestros enemigos. El amor de los cristianos ha de llegar hasta “a sus enemigos”, el bien han de hacerlo “a los que los odian”, han ser una bendición y han de bendecir “a los que los maldicen” y orar por “los que los injurian”, pues el odio voluntario es contrario a la caridad. Leer más de esta entrada

Evangelio del Domingo V del Tiempo Ordinario, 10 de Febrero de 2019


San Lucas 5, 1-11.

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. 

Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. 

Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. 

Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. 

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. 

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

COMENTARIO

Por  + Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

“La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios”

Es una escena viva que expresa la necesidad imperiosa que todo ser humano tiene de recibir una palabra cierta, divina, capaz de dar un sentido nuevo y vivo a la existencia. Una palabra que sólo nos puede llegar a través de Jesucristo, la Palabra Eterna del Padre.

La gente notaba que la palabra de Jesús iluminaba sus vidas, ensanchaba sus corazones, fortalecía sus ánimos, que los movía a la conversión, al cambio de vida. La gente quería beber directamente de los labios de Jesús esa sabiduría nueva.

Agolpémonos alrededor de Jesús, contemplemos a Jesús, escuchemos a Jesús, la única Palabra digna de ser escuchada. Leer más de esta entrada

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR


 

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El relato de este hermoso hecho lo podemos leer en San Lucas, Capítulo 2, vs. 22-39.

La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño fuera presentado en el templo. Hoy dos de febrero se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre, fecha en la que celebramos el nacimiento de Jesús.

Los católicos hemos tenido la hermosa costumbre de llevar los niños al templo para presentarlos ante Nuestro Señor y la Santísima Virgen. Esta es una costumbre que tiene sus raíces en la Santa Biblia. Cuando hacemos la presentación de nuestros niños en el templo, estamos recordando lo que José y María hicieron con el Niño Jesús.

La Ley de Moisés mandaba que el hijo mayor de cada hogar, o sea el primogénito, le pertenecía a Nuestro Señor y que había que rescatarlo pagando por él una limosna en el templo. Esto lo hicieron María y José.

Por mandato del Libro Sagrado, al presentar un niño en el templo había que llevar un cordero y una paloma y ofrecerlos en sacrificio al Señor (el cordero y la paloma son dos animalitos inofensivos e inocentes y su sangre se ofrecía por los pecados de los que sí somos ofensivos y no somos inocentes. Jesús no necesitaba ofrecer este sacrificio, pero quiso que se ofreciera porque El venía a obedecer humildemente a las Santas Leyes del Señor y a ser semejante en todo a nosotros, menos en el pecado). Leer más de esta entrada

Evangelio del II Domingo del Tiempo Ordinario, 20 de Enero de 2019


San Juan 2,1-11 

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.

Jesús también fue invitado con sus discípulos.

Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”.

Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”.

Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”.

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.

Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde.

“Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo

y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”.

Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero
+ Obispo Prelado

“Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda”.

La vida pública de Jesús comienza asistiendo a una fiesta de bodas. Porque el anuncio de la Buena Noticia sólo puede empezar con un estallido de alegría. Cristo no se presenta ante los hombres como un enemigo de la alegría y la sana fiesta humana. El es capaz de alejar del corazón humano el aburrimiento. Jesús llega a un mundo demasiado triste y aburrido y entra en él por la puerta de la alegría. El es la fuente de nuestra paz y alegría. En Caná Jesús pone de relieve la importancia de virtudes como la sencillez, la sinceridad ante la vida, el amor y la amistad con la gente pequeña, las cotidianas alegrías de la vida… En su predicación aparecerá varias veces la referencia a las bodas y a los banquetes como signo de la presencia del Reino de Dios.

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