Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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Video: Comentario Evangelio del Domingo de Ramos. Por Monseñor Rafael Escudero

Cumpleaños de Monseñor Rafael. 4 de Abril de 2019.

Condolencias Cáritas

CONDOLENCIAS


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El Padre Pedro Orbe Uriarte llegó a esta Prelatura en el año de 1969  después de dos años que su hermano el Monseñor Benancio Orbe Uriarte llegó a San Martín. Dedicaron toda una vida al servicio de la Iglesia Católica en los momentos más difíciles que nos tocó vivir. Actualmente estuvo al servicio en la Parroquia “El Triunfo de la Santa Cruz” de la cuidad de Tarapoto.

Falleció en la clínica Stela Maris de la ciudad de Lima a las 03:00 pm, y el sepelio se estará realizando este miércoles 13 a las 09:00 am. en la Parroquia Virgen del Pilar de dicha ciudad.

Descanse en Paz padre Pedro.

Hoy 7 de Marzo de 2019, celebramos el 71º Aniversario de la Creación de la Prelatura de Moyobamba


 

escudo-prelatura-moyobamba-baja-res3.pngPor la Bula “Romanus Pontifex” del 7 de marzo de 1948, el Papa Pío XII segregó de la Diócesis de Chachapoyas todo el departamento de San Martín y creó la Prelatura de Moyobamba, la primera del Perú, haciéndola sufragánea de la Metropolitana de Trujillo.

Por el Decreto Consistorial del 12 de Junio de 1958, el mismo Papa segregó de la Prelatura los distritos de Huimbayoc, Navarro, Pelejo y Pongo y los anexos al Vicario Apostólico de Yurimaguas para su mejor atención espiritual.
Por Acuerdo pastoral entre los Obispo de Huánuco y de Moyobamba, con fecha 19 de mayo de 1985, se ha encomendado la atención pastoral de las Parroquias de Tocache y de Uchiza de la Prelatura de Moyobamba, que forman la nueva Provincia de Tocache, a la Diócesis de Huánuco.

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ORACIÓN POR NUESTRA PRELATURA

Te rogamos, Señor, que se manifiesten con toda su fuerza y perseveren hasta el fin en nuestra Iglesia Prelatura de Moyobamba la integridad de la fe, la santidad de las costumbres, la caridad fraterna y la religión auténtica, y, ya que no dejas de alimentar a tu pueblo con tu Palabra y con el Cuerpo de tu Hijo, no ceses tampoco de conducirlo bajo tu protección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2019


Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2019

La Santa Sede difundió este martes 26 de febrero el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de este 2019 titiulado “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”, en el que hace un llamado a la conversión mediante el ayuno, la oración y la limosna.

“Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que ‘será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios’. No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales”.

 

A continuación, el texto completo del mensaje:

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2019

 

“La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios”

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24).

Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención.

Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca.

Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo.

El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1).

Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21).

La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón.

Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia.

Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3).

Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión.

Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.


Esc. Papa Francisco

Franciscus

Video Penitencial para Cuaresma

HISTORIA Y TRADICIÓN DE LOS 3 REYES MAGOS DEL ORIENTE

¿Qué hacen las Oblatas en Navidad?


La Navidad de una Oblata

(AlfayOmega).- No podemos hablar de la Navidad sin hacer referencia –aunque sólo sea con una mirada de conjunto– al Adviento, tiempo de preparación que la Iglesia, Madre y Maestra, pone ante nuestros ojos, en su sagrada liturgia.

No son una Congregación muy conocida, pero tienen una vocación preciosa. Su vida está

No son una Congregación muy conocida, pero tienen una vocación preciosa. Su vida está “escondida con Cristo en Dios”, en entrega y oración por la santificación de los sacerdotes y seminaristas.

El Adviento de la Oblata es un adentrarse, en soledad y silencio, en el corazón de Madre –como nosotras llamamos a la Virgen–, para vivir con ella esa espera, anhelante y serena a la vez, del Misterio que va a brotar, como flor delicada del Adviento, en la liturgia de Navidad. Es la espera gozosa del Mesías, el Redentor, el Salvador, el Dios hecho Niño pequeño para elevarnos hasta el corazón del Padre, ese Padre amoroso que tiende sus manos abiertas hacia el hombre que –¡oh, insensatez de la condición humana!– cada día se aleja más de Él. Y el alma, que a través de las cuatro semanas del Adviento se ha enardecido, canta los días precedentes a la Navidad ese Ven de las antífonas O, hundiéndose en el profundo espíritu que encierran.

Así, llega a la Navidad en una apertura total al Don, Dios-con-nosotros, que nos trae la Virgen Madre, para ponerlo en nuestros brazos, como hizo con los pastores y los Magos, para que Él sea totalmente nuestro. Y la Oblata, al recibir el Niño, penetra en su corazón y descubre en Él un latido profundo, el primero, el más anhelante: su latido por ellos, los sacerdotes, porque ellos van a ser los que atraigan a las almas, de las que Él está sediento, a su Corazón de Sacerdote-Redentor; y, hundiéndose en ese latido, entrega todo su ser en la misma oblación que Cristo hizo al entrar en el mundo: Sacrificios y holocaustos no los quisiste, pero me has formado un cuerpo… Aquí estoy para hacer Tu voluntad. Y esa voluntad es una voluntad salvífica, de apertura a la Gracia de que ellos, los sacerdotes, son portadores para llevarla a todos los hombres. Ellos son los que encienden, en medio de las tinieblas que hoy envuelven al mundo, la Luz resplandeciente de ese mundo nuevo que está presente en cada Eucaristía. Ellos alimentan el hambre de paz y justicia de los que está ansioso el hombre de hoy. Ellos son, al participar del sacerdocio de Cristo, verdaderos puentes, mediadores entre el cielo y la tierra. Por eso, en la Navidad, cuando la Oblata contempla al Niño, siente en su alma ese gemido hondo y acuciante, gemido del Espíritu, que es pura entrega en donación del ser, por la salvación de todos los hombres, pasados, presentes y futuros, por la Humanidad entera.

Éste es el vivir interno de la Oblata; pero ¿y lo exterior? Es un desborde de caridad fraterna. Son unos días de vida familiar entre las Hermanas, viviendo todas en común la alegría gozosa de la Navidad: Belén, villancicos, recreos…, todo en una armonía clara y sencilla, como es nuestro espíritu, que aúna soledad y silencio con alegría, vida común y caridad.

Así vive una Oblata su Navidad; una Navidad desbordante de entusiasmo en su manifestación externa, sí, pero vivida en lo íntimo del corazón de Cristo Sacerdote, participando de su Misterio, en una constante alabanza a la gloria de la Santísima Trinidad, de la que ha brotado para nosotros la realidad gozosa de la hermosa Navidad.

HH . Oblatas de Cristo Sacerdote

DOMUND 2018 – domingo 21 de octubre


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Papa Francisco:

Mensaje para la Jornada Misionera Mundial
DOMUND 2018

¿Qué es el Domund?

El Domingo Mundial de las Misiones es el día en que la Iglesia universal reza por la actividad evangelizadora de los misioneros y misioneras, y colabora económicamente con ellos en su labor.

¿Por qué el Domund?

Porque el 37% de la Iglesia católica lo constituyen territorios de misión que dependen de la ayuda personal de los misioneros y de la colaboración económica de los fieles para realizar su labor.

¿Para qué el Domund?

Con los donativos se desarrollan proyectos sociales, educativos y sanitarios, además de necesidades como la construcción de iglesias y capillas, formación cristiana, compra de vehículos y un largo etcétera.

¿Cómo se distribuye el dinero del Domund?

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Atrevete – Infancia Misionera 2018

1º de octubre, Santa Teresa del Niño Jesús, Patrona de las misiones


por P. Javier Sánchez Martínez

del Blog “Corazón eucarístico de Jesús. El Sagrario

¿Algo pasado de moda?

La misión es consustancial al ser y al existir de la Iglesia: se trata del anuncio de Jesucristo, muerto y resucitado, que comunica la salvación agregándonos a su Cuerpo, que es la Iglesia. Es una necesidad. Es la dicha de la Iglesia. La Iglesia existe para evangelizar. Así lo escribía Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi.

Y hoy el deseo de anunciar a Cristo sigue adelante su curso. El Evangelio sigue su avance glorioso. La Palabra sigue creciendo.

La Prelatura de Moyobamba en Perú, asumida principalmente por la archidiócesis de Toledo, es una realidad viva y floreciente. Hay sacerdotes diocesanos que con solicitud pastoral, son llamados por Cristo para, dejando su tierra, marchar hacia el Perú, a esta Prelatura, a servir a sus hermanos edificando la Iglesia. No son cooperantes de ningún voluntariado, ni buscadores de la justicia social por un tiempo: son amigos de Cristo que quieren proclamar su Nombre y su salvación.

Ahora en octubre parten dos sacerdotes de Sevilla para Moyobamba y dos sacerdotes de mi diócesis de Córdoba. Es una feliz noticia.

Tengamos pues presente a la Iglesia que evangeliza, que se edifica en territorios nuevos, que extiende el amor salvador del Redentor.

Y así desde hace unos días, tenemos el enlace a la página de la Prelatura, en comunión de misión. Visitadla. Oremos por Moyobamba, por los sacerdotes que van a colaborar entregándose, por las vocaciones, por la misión evangelizadora de la Iglesia.

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