Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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Feliz Navidad!!! 2018 – Mons. Rafael Escudero López-Brea

Evangelio del Domingo de la Sagrada Familia, 30 de Diciembre de 2018


30diciembre2012

San Lucas 2, 41-52.

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 

Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. 

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. 

Jesús les respondió: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”.

Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. 

Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres. 

COMENTARIO

Por Jesús Álvarez SSP

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser.  Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía:“Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos.”El les contestó:“¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?”Pero ellos no comprendieron esta respuesta. Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres”.(Lc 2, 41-52) Leer más de esta entrada

¿Qué hacen las Oblatas en Navidad?


La Navidad de una Oblata

(AlfayOmega).- No podemos hablar de la Navidad sin hacer referencia –aunque sólo sea con una mirada de conjunto– al Adviento, tiempo de preparación que la Iglesia, Madre y Maestra, pone ante nuestros ojos, en su sagrada liturgia.

No son una Congregación muy conocida, pero tienen una vocación preciosa. Su vida está

No son una Congregación muy conocida, pero tienen una vocación preciosa. Su vida está “escondida con Cristo en Dios”, en entrega y oración por la santificación de los sacerdotes y seminaristas.

El Adviento de la Oblata es un adentrarse, en soledad y silencio, en el corazón de Madre –como nosotras llamamos a la Virgen–, para vivir con ella esa espera, anhelante y serena a la vez, del Misterio que va a brotar, como flor delicada del Adviento, en la liturgia de Navidad. Es la espera gozosa del Mesías, el Redentor, el Salvador, el Dios hecho Niño pequeño para elevarnos hasta el corazón del Padre, ese Padre amoroso que tiende sus manos abiertas hacia el hombre que –¡oh, insensatez de la condición humana!– cada día se aleja más de Él. Y el alma, que a través de las cuatro semanas del Adviento se ha enardecido, canta los días precedentes a la Navidad ese Ven de las antífonas O, hundiéndose en el profundo espíritu que encierran.

Así, llega a la Navidad en una apertura total al Don, Dios-con-nosotros, que nos trae la Virgen Madre, para ponerlo en nuestros brazos, como hizo con los pastores y los Magos, para que Él sea totalmente nuestro. Y la Oblata, al recibir el Niño, penetra en su corazón y descubre en Él un latido profundo, el primero, el más anhelante: su latido por ellos, los sacerdotes, porque ellos van a ser los que atraigan a las almas, de las que Él está sediento, a su Corazón de Sacerdote-Redentor; y, hundiéndose en ese latido, entrega todo su ser en la misma oblación que Cristo hizo al entrar en el mundo: Sacrificios y holocaustos no los quisiste, pero me has formado un cuerpo… Aquí estoy para hacer Tu voluntad. Y esa voluntad es una voluntad salvífica, de apertura a la Gracia de que ellos, los sacerdotes, son portadores para llevarla a todos los hombres. Ellos son los que encienden, en medio de las tinieblas que hoy envuelven al mundo, la Luz resplandeciente de ese mundo nuevo que está presente en cada Eucaristía. Ellos alimentan el hambre de paz y justicia de los que está ansioso el hombre de hoy. Ellos son, al participar del sacerdocio de Cristo, verdaderos puentes, mediadores entre el cielo y la tierra. Por eso, en la Navidad, cuando la Oblata contempla al Niño, siente en su alma ese gemido hondo y acuciante, gemido del Espíritu, que es pura entrega en donación del ser, por la salvación de todos los hombres, pasados, presentes y futuros, por la Humanidad entera.

Éste es el vivir interno de la Oblata; pero ¿y lo exterior? Es un desborde de caridad fraterna. Son unos días de vida familiar entre las Hermanas, viviendo todas en común la alegría gozosa de la Navidad: Belén, villancicos, recreos…, todo en una armonía clara y sencilla, como es nuestro espíritu, que aúna soledad y silencio con alegría, vida común y caridad.

Así vive una Oblata su Navidad; una Navidad desbordante de entusiasmo en su manifestación externa, sí, pero vivida en lo íntimo del corazón de Cristo Sacerdote, participando de su Misterio, en una constante alabanza a la gloria de la Santísima Trinidad, de la que ha brotado para nosotros la realidad gozosa de la hermosa Navidad.

HH . Oblatas de Cristo Sacerdote

Feliz Aniversario Sacerdotal 26-12-2018

Así es la Navidad en Belén


(Rome Reports, 22 de diciembre) El franciscano Pierbattista Pizzaballa es el Custodio de Tierra Santa.O sea, el encargado de cuidar los lugares en los que vivió Jesús. Custodia por ejemplo el Santo Sepulcro, el Calvario y, por supuesto, la Gruta de Belén.

P. Pierbattista Pizzaballa Custodio de Tierra Santa: “Aquí el principal Custodio es el Señor. Yo soy sólo un isntrumento. Y como custodio, no sólo debo conservar la memoria del pasado sino ser un testimonio. Custodiar es testimoniar en los Lugares Santos lo que ha significado la vida de Jesús para el mundo y para Tierra Santa”. Leer más de esta entrada

COMO EN BELÉN

La Cocacola quiere robar la Navidad en Perú

Evangelio del Domingo IV de Adviento, 23 de Diciembre de 2018


San Lucas 1, 39-45.

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

“¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. 

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

COMENTARIO

+ Rafael Escudero López-Brea

          Obispo de Moyobamba

En vísperas de la Navidad el evangelio de este domingo nos presenta a María en la narración de la visita que hace a su pariente Isabel.

El Ángel anunció a la Virgen María la maternidad de Isabel, una mujer estéril y ya entrada en años, manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place. Que para Él no hay nada imposible.

Dice San Ambrosio: “Desde que lo supo, María, no por falta de fe en la profecía, no por incertidumbre respecto al anuncio, no por duda acerca del ejemplo indicado por el Ángel, sino con el regocijo de su deseo, como quien cumple un piadoso deber”, presurosa por el gozo “se puso en camino y fue deprisa a la montaña; a un pueblo de Judá…”.

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Calendario Litúrgico 2019

Feliz Aniversario Sacerdotal 19-12-2018

Felicidades

LA CORONA DE ADVIENTO


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La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular

El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes

Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas

Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Morado: Representa el espíritu de la vigilia.
Verde: Representa la esperanza.
Rosa: Representa la alegría por la cercanía del nacimiento de Jesús.
Blanco:  Es el color de la presencia luminosa de Dios.

Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

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El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Sugerencias

a) Es preferible elaborar en familia la corona de Adviento aprovechando este momento para motivar a los niños platicándoles acerca de esta costumbre y su significado.

b) La corona deberá ser colocada en un sitio especial dentro del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los niños de manera que ellos recuerden constantemente la venida de Jesús y la importancia de prepararse para ese momento.

c) Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Toda esta planeación hará que las cosas salgan mejor y que los niños vean y comprendan que es algo importante. Así como con anticipación preparamos la visita de un invitado importante, estamos haciendo esto con el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.

d) Es conveniente también distribuir las funciones entre los miembros de la familia de modo que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.

Por ejemplo:
un encargado de tener arreglado y limpio el lugar donde irá la corona antes de comenzar con esta tradición navideña.
un encargado de apagar las luces al inicio y encenderlas al final.
un encargado de dirigir el canto o de poner la grabadora con algún villancico.
un encargado de dirigir las oraciones para ponerse en presencia de Dios.
un encargado de leer las lecturas.
un encargado de encender las velas.

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