Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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Evangelio del domingo 5º de Pascua, 19 de mayo de 2019


Juan 13,31-35

Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.

Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’.

Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros.

En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
Obispo prelado de Moyobamba

“Cuando salió Judas del cenáculo…” comenzó la pasión, y la pasión es la glorificación de Cristo y del Padre.

“Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre”. Con estas palabras comienza el gran discurso de despedida de Jesús en el cenáculo, en el contexto de la última cena. “Ahora” hace referencia a la “hora” de Jesús, la hora de pasar de este mundo al Padre, la hora en que es exaltado y a la vez glorificado sobre la cruz. La hora más tenebrosa de la vida de Jesús  en la tierra es la hora también de la resplandeciente glorificación. La pasión es condición indispensable para que entrara en su gloria.  En la pasión del Hijo brilla la santidad, la justicia, la misericordia de Dios, el inmenso amor que tiene a los hombres. La pasión es el triunfo del Reino de Dios sobre el poder de Satanás.

Jesús llama a la crucifixión “gloria” para enseñarnos que no hay nada bajo ni ignominioso que no haga luminoso al que lo soporta todo por amor al Señor. Jesús persuade así a los Apóstoles para que no se sientan abatidos por el escándalo ante el sufrimiento del inocente y de la cruz, sino para que se alegren y se gocen, porque Él va a caer bajo el dominio de la muerte, pero muriendo va a lograr una victoria sobre su muerte y nuestra muerte y eso es una gran gloria. Leer más de esta entrada

Evangelio del domingo 4º de Pascua, 12 de Mayo de 2019


EL BUEN PASTOR

Jn 10, 27-30.

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.

Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa”.

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Jesús se presenta a sí mismo como el buen Pastor anunciado, no sólo de Israel, sino de todos los hombres. Y su vida es una manifestación ininterrumpida, es más, una realización diaria de su caridad de buen pastor. Él siente compasión de las gentes, porque están cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor.

“En aquel tiempo, dijo Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco”.

Las ovejas conocen la voz del pastor porque le pertenecen, son suyas y Él conoce perfectamente a sus ovejas por su nombre. Jesús nos conoce por nuestro nombre, nos sabe de memoria, todo lo nuestro, también nuestros pecados, y, a pesar de todo, nos ama personalmente a cada uno, como si solo existiéramos cada uno. Ambos, Pastor y ovejas, se pertenecen en ese conocerse, aceptarse y amarse mutuamente.

Cuando el discípulo-pastor se acerca a las ovejas unido al amor de Cristo, las ovejas escuchan también su voz, que es la voz de Jesús mismo. No siguen al pastor, sino a Jesús.

¡Que Dios envíe a su santa Iglesia muchos pastores que tengan la voz inconfundible de Jesús!  Leer más de esta entrada

Felicidades

Felicidades

LA VENERACIÓN DE LA SANTA CRUZ


P2080113“Por la Cruz vino la alegría al mundo”

La institución de la veneración de la Santa Cruz en el tercer domingo de la gran cuaresma tiene sus razones históricas, además del aspecto espiritual inherente al esfuerzo del ayuno. La Iglesia desarrolló el aspecto litúrgico usando un simbolismo dirigido a la atención de los fieles para sostenerlos en su camino hasta el día de la resurrección.

La letanía con la cruz que tiene lugar en la Iglesia en este día data probablemente del siglo VIIIº, cuando, en la ocasión de la construcción de una Iglesia en Apamea, cerca de la actual ciudad Hama de Siria, se hizo una procesión con una parte de la Santa Cruz del Señor desde Jerusalén hasta dicho lugar.

La Iglesia constató que, llegando a la tercera semana de la gran cuaresma, unos fieles se sentían aburridos de ayunar y cansados de la lucha y del esfuerzo asumido, tanto a nivel somático como espiritual. Para que no dejaran este aprendizaje y no cayeran en la tentación de abandonar la lucha, la Iglesia elevó la Santa Cruz ante sus ojos en la letanía que tiene lugar durante el oficio de este domingo. La cruz está dispuesta sobre un plato, rodeada por flores, además de tres velas encendidas. Cuando la letanía llegue al centro de la Iglesia, cantamos: “Ante Tu Cruz, nos prosternamos, Soberano nuestro; y Tu Santa Resurrección, glorificamos“, afirmando que la pasión del Señor es una con la resurrección. Al terminar la letanía, los fieles se acercan a la cruz para adorarla y besarla. El sacerdote les ofrece una flor para que se acuerden que “por la Cruz vino la alegría al mundo” (Horológion de Pascua), y así logran adquirir la fortaleza para continuar el camino. Leer más de esta entrada

Evangelio del domingo 3º de Pascua, 5 de mayo de 2019


Jn 21, 1-19

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:

estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.

Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.

Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.

Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”.

El les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.

El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.

Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.

Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.

Jesús les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”.

Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.

Jesús les dijo: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres”, porque sabían que era el Señor.

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. El le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. El le respondió: “Sí, Señor, sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”.

Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”.

De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: “Sígueme”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

“Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los zebederos y otros dos discípulos”. Esta aparición del Resucitado está ubicada en el lago de Tiberíades, lugar del primer encuentro con Jesús, lugar donde se dio la vocación de los primeros apóstoles de Cristo. Entre ellos se ha formado una unión de ánimos, cuando Pedro dice: “Me voy a pescar. Ellos contestan: También nosotros vamos contigo”. Cuando un grupo de personas sigue a Cristo se establece entre ellos una unión especial, fruto de la libertad vivida en el amor. Lo grande del ser humano no es que sea libre, sino en cómo vive esa libertad. Se nos ha dado la libertad para vivirla al servicio del amor, que es lo más grande. Cuando se ama a alguien la libertad se expresa en la unión. Donde no hay amor la libertad se expresa en la dispersión. El Evangelio de este domingo nos da un mensaje de unidad y colaboración entorno a Pedro en la tarea apostólica. Leer más de esta entrada

Felicidades

Evangelio del II Domingo de Pascua, 28 de abril de 2019


San Juan 20,19-31

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. El les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomas respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”.
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Cristo Resucitado con sus reiteradas apariciones muestra, una vez más, su entrañable misericordia hacia sus discípulos tan necesitados de ser fortalecidos y confirmados en la fe en la Resurrección, para que luego sean sus testigos y puedan anunciarle al mundo entero.

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana”. La institución del primer día de la semana como Día del Señor, como domingo, en sustitución del venerable sábado, tuvo lugar a causa de estos encuentros con El Señor Resucitado. Leer más de esta entrada

Feliz Aniversario Sacerdotal 27-04-2019

PREPARACIÓN Y CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

Felicidades

Video: Comentario Evangelio del Domingo de Ramos. Por Monseñor Rafael Escudero

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