Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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UN SOLO SEÑOR, UNA SOLA FE


 La Eucaristía, la confesión y el sacerdocio


Si el sacrificio de Cristo en la cruz fue un hecho histórico, ¿cómo puede ser que se renueve en cada misa? ¿Cómo es posible que un sacerdote, que es una persona normal, pueda perdonar pecados? ¿Hay sacerdotes en otras religiones? Un sacerdote que deja el sacerdocio, ¿sigue siendo sacerdote?

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO 07 DE MARZO 2019


Reflexionando sobre la oración del “Padre Nuestro”, el Santo Padre indicó que “¡Venga tu Reino!” es como decir: “¡Padre, te necesitamos! ¡Jesús te necesitamos! ¡Necesitamos que en todas partes y para siempre seas Señor entre nosotros!”. “Venga tu Reino, ven en medio de nosotros”. En la Audiencia General de este 6 de marzo en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco se encontró con grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo. En su catequesis, el Santo Padre afirmó que “Dios nos precede siempre, Dios nos sorprende siempre” y subrayó que “gracias a Él después de la noche del Viernes Santo hay un amanecer de Resurrección capaz de iluminar con esperanza al mundo entero”.

APOLOGÉTICA CATÓLICA (II cap.) – A


Dios frente a la ciencia

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Por Raúl Alonso

De manera muy frecuente escuchamos a ateos diciendo que Ciencia y Religión son conceptos opuestos, que no se puede tener fe en Dios y ser científico, con lo cual, nos encasillan, a quienes tenemos fe, como una horda de incultos ignorantes, y nos ven como un grupo de hombres estancados en la evolución intelectual.

Los argumentos ateos son muchísimos, y por tanto en este artículo tratare de responder a tres vertientes de debate:

.         La existencia de Dios y el Origen del Universo

·         Iglesia Vs Ciencia: El caso Galileo Galilei

En palabras de Richard Dawkins, zoólogo y activista ateo

“Como científico, soy hostil hacia la religión fundamentalista porque ella activamente corrompe el trabajo científico. Nos enseña a no cambiar de opinión; y a no desear saber cosas excitantes que están disponibles para que las sepamos. Subvierte a la ciencia y debilita al intelecto.”

Definamos primero quienes son los ateos: Leer más de esta entrada

Cuaresma 2019: 5 curiosidades que quizá no sabías sobre la Cuaresma

Evangelio del Domingo I de Cuaresma, 10 de marzo de 2019


17febrero2013

San Lucas 4, 1-13.

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. 

El demonio le dijo entonces: “Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan”. 

Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan”. 

Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: “Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá”. 

Pero Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto”. 

Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”. 

Pero Jesús le respondió: “Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”. 

Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

COMENTARIO

Por  Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, fue llevado por el desierto”

En el evangelio de este domingo contemplamos a Jesús, lleno del Espíritu y llevado por Él al desierto, para prepararse a su ministerio público.

El Espíritu no está simplemente sobre Jesús, sino que lo llena, lo penetra, lo invade en su ser y en su obrar. El Espíritu es el principio de la consagración y de la misión del Mesías. Por la fuerza del Espíritu, Jesús pertenece total y exclusivamente a Dios, participa de la infinita santidad de Dios que lo llama, elige y envía. El Espíritu del Señor ha consagrado a Cristo y lo ha enviado a anunciar el Evangelio.

Este mismo Espíritu del Señor está también sobre todos y cada uno de nosotros, Pueblo de Dios, constituido como pueblo consagrado a Él en el bautismo y enviado por Él al mundo para anunciar el Evangelio que nos salva. Todos los miembros del Pueblo de Dios somos marcados por el Espíritu y llamados a la santidad. ¡Cuántas cosas haríamos si nos dejásemos guiar por el Espíritu santo!

El desierto es un lugar de gracia, de la presencia de Dios, lugar de transformación, de conversión; el desierto hace fuerte al hombre, lo hace sencillo, amable, bueno. El desierto es lugar de silencio y soledad, tan necesarios para la oración y el encuentro con Dios, para abrir los ojos y dejarse sorprender por Él. El desierto es también un lugar de purificación, de encuentro con uno mismo, de lucha contra las pasiones que quieren dominarnos; el silencio y la soledad del desierto nos fascinan y aterran, nos descubren nuestras infidelidades y flaquezas. Leer más de esta entrada

Video Penitencial para Cuaresma

30 Consejos para la batalla espiritual en esta Cuaresma

Evangelio del domingo VII del Tiempo Ordinario, 24 de febrero de 2019


San Lucas 6,27.38

“Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntala también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que éstos correspondan con algo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos ustedes.”

Comentario al evangelio

Por Mons. Rafael Escudero López-Brea

Obispo prelado de Moyobamba

La propuesta de Jesús rompe muchos esquemas, va mucho más allá de lo que llamamos justicia en las relaciones humanas. Una justicia que está hecha de leyes y normas, y que tiene en cuenta la reciprocidad: Ya que tú me amas y me valoras, yo te correspondo en la misma medida. El Señor rompe esta dinámica.

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: A los que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian”.

Todos los bautizados son discípulos de Jesús y están llamados a escúchalo y a imitarlo. Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía “enemigos” (Rm 5, 10). El Señor nos pide que amemos como Él hasta a nuestros enemigos. El amor de los cristianos ha de llegar hasta “a sus enemigos”, el bien han de hacerlo “a los que los odian”, han ser una bendición y han de bendecir “a los que los maldicen” y orar por “los que los injurian”, pues el odio voluntario es contrario a la caridad. Leer más de esta entrada

Evangelio del domingo VI del Tiempo Ordinario, 17 de febrero de 2019


Lc 6,17.20-26

Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!

Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!

***

Comentario al evangelio

Por Mons. Rafael Escudero López-Brea

Obispo prelado de Moyobamba

Las bienaventuranzas no son los mandamientos del Nuevo Testamento, no son leyes: tampoco son una lista de virtudes ascéticas que hay que privilegiar. Las bienaventuranzas son la síntesis del Evangelio. Expresan las actitudes interiores de Cristo, el espíritu de Cristo, el secreto de su Corazón.

En la perspectiva del espíritu de las bienaventuranzas se nos pregunta si esta situación concreta que estoy viviendo ahora manifiesta y comunica el Corazón de Cristo. Por eso, el mejor comentario a las bienaventuranzas es la vida de Jesús, porque El las vivió y practicó plenamente. El es las bienaventuranzas. Jesucristo sabe, porque es Dios, lo que nos espera por delante, o qué nos puede acontecer, y por eso nos dice: “Dichosos… o  Ay de ustedes…” Leer más de esta entrada

COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY 09-02-2019 (San Marcos 6,30-34.)


« Le dio lástima de ellos »

  Si David dice de Dios que es justo y recto, su Hijo nos ha revelado que es bueno y suave… Alejemos de nosotros el pensamiento injusto de que Dios no se compadece… Oh admirable compasión de Dios. Oh maravilla de la gracia de Dios nuestro Creador. Oh poder suficiente a todo. Oh inconmensurable bondad con la cual reviste nuestra naturaleza pecadora para recrearla. ¿Quién puede hablar de su gloria? Levanta al que le ha ofendido y blasfemado, renueva al polvo sin alma…, y de nuestro espíritu dispersado y de nuestros sentidos extraviados hace una naturaleza dotada de razón y capaz de pensar. El pecador no está capacitado para comprender la gracia de su resurrección… ¿Qué es el abismo ante la gracia de la resurrección cuando nos levantará de nuevo alejándonos de la condenación, y dará a este cuerpo perecedero poder revestirse de incorruptibilidad? (1C 15,53)… Vosotros que sabéis discernir, venid y admirad. ¿Habrá alguien, dotado de gran y maravillosa inteligencia, que admire la gracia de nuestro Creador como merece? Esta gracia es la retribución de los pecadores. Porque en lugar de darles lo que, con estricta justicia merecen, a cambio les dará la resurrección. En lugar de los cuerpos que han profanado su Ley, les reviste de la gloria de la incorruptibilidad. Esta gracia –la resurrección que se nos dará aún después de haber pecado– es todavía más admirable que la primera cuando nos creó, cuando todavía no existíamos. ¡Gloria a tu inconmensurable gracia, Señor! No puedo hacer otra cosa que callarme ante los ríos de tu gracia. Soy incapaz de decir la gratitud que te debo.

Isaac el Sirio (siglo VII)

Monje cercano a Mossoul

Sermones ascéticos, 1ª serie, nº 60

FUENTE: http://evangeliodeldia.org

 

Evangelio del Domingo V del Tiempo Ordinario, 10 de Febrero de 2019


San Lucas 5, 1-11.

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. 

Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. 

Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. 

Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. 

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. 

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

COMENTARIO

Por  + Monseñor Rafael Escudero

Obispo Prelado

“La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios”

Es una escena viva que expresa la necesidad imperiosa que todo ser humano tiene de recibir una palabra cierta, divina, capaz de dar un sentido nuevo y vivo a la existencia. Una palabra que sólo nos puede llegar a través de Jesucristo, la Palabra Eterna del Padre.

La gente notaba que la palabra de Jesús iluminaba sus vidas, ensanchaba sus corazones, fortalecía sus ánimos, que los movía a la conversión, al cambio de vida. La gente quería beber directamente de los labios de Jesús esa sabiduría nueva.

Agolpémonos alrededor de Jesús, contemplemos a Jesús, escuchemos a Jesús, la única Palabra digna de ser escuchada. Leer más de esta entrada

Evangelio del domingo 4º del Tiempo Ordinario: 3 de febrero de 2019


Evangelio según San Lucas 4,21-30

Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”.

Pero él les respondió: “Sin duda ustedes me citarán el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún”.

Después agregó: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio”.

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron

y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

***

COMENTARIO

por Monseñor Rafael Escudero
+ Obispo Prelado

“Entonces Jesús comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

He aquí de nuevo a Jesús en la sinagoga de Nazaret. El tema que desarrolla Jesús en su homilía es el cumplimiento en su persona de la profecía de Isaías 61, 1-2. Todos en la sinagoga están viendo y oyendo a Aquel de quien hablan las Escrituras. El Mesías anunciado está ya en medio de nosotros. Hay solución para la humanidad. En El está nuestra paz, vida y resurrección.

“Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: ¿No es este el hijo de José?”.

Cuando empezó Jesús el comentario del texto sagrado, todos le miraban con ansia y atención. En el rostro de Cristo es en el que deben fijarse los ojos de la fe y del amor de todos nosotros. Y a partir de esta contemplación hemos de ver toda nuestra vida. Vivamos con los ojos puestos en Jesús, aprendámoslo de memoria, él es nuestro libro vivo y abierto y en él entendemos la ciencia de la vida.

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