Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

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Videocatequesis lecturas domingo 4º de Pascua, EL BUEN PARTOR – 12 de mayo de 2019

50 razones para rezar el Rosario

Diez puntos para prevenir abusos sexuales a menores


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Teresa Kettelcamp, directora ejecutiva del Secretariado de Juventud de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, ha publicado el programa en Internet.

Punto 1: La primera persona que preocupa es la víctima.Punto 2: Nadie tiene derecho a estar con niños sin la adecuada selección o sin seguir las reglas.

Punto 3: Los límites deben estar claramente definidos. No se puede presumir que se conocen.Punto 4: Los abusos sexuales se pueden prevenir mediante agentes de seguridad, estudiando el historial de cada persona, programas de entrenamiento y códigos de conducta.

Punto 5: Los efectos secundarios de un abuso pueden durar toda la vida.

Punto 6: El primer alivio del dolor y de la rabia tras un abuso se logra al sentirse escuchado.
Punto 7: No siempre se puede predecir quién puede abusar.
Punto 8: Hay señales que indican que una persona puede abusar. Algunos atraen a sus posibles víctimas con regalos lujosos o les invitan a participar en actividades que sus padres desaprobarían.
Punto 9: Las personas pueden aprender a identificar una insinuación alarmante. Los potenciales agresores suelen proyectar una imagen de amabilidad, pero su intención es abusar del menor.
Punto 10: La verificación de antecedentes debe disuadir a los posibles abusadores y poner bases para prohibir a un adulto trabajar con niños.
Reexaminar y difundir las medidas para proteger a los niños es una de las prioridades de la Iglesia americana desde 2002, cuando los obispos de Estados Unidos adoptaron la ‘Carta para la Protección de Niños y Jóvenes’, como respuesta a los abusos.
El Vaticano ha publicado estos diez puntos en su propio periódico, L’Osservatore Romano.

Video Catequesis. Domingo III de Pascua

Aprende a defender tu Fe Católica con la Biblia – Capitulo 5

Evangelio del domingo 3º de Pascua, 5 de mayo de 2019


Jn 21, 1-19

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:

estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.

Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “Vamos también nosotros”. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.

Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.

Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo para comer?”. Ellos respondieron: “No”.

El les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán”. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.

El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.

Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.

Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.

Jesús les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar”.

Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.

Jesús les dijo: “Vengan a comer”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres”, porque sabían que era el Señor.

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. El le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. El le respondió: “Sí, Señor, sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”.

Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: “Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras”.

De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: “Sígueme”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

“Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los zebederos y otros dos discípulos”. Esta aparición del Resucitado está ubicada en el lago de Tiberíades, lugar del primer encuentro con Jesús, lugar donde se dio la vocación de los primeros apóstoles de Cristo. Entre ellos se ha formado una unión de ánimos, cuando Pedro dice: “Me voy a pescar. Ellos contestan: También nosotros vamos contigo”. Cuando un grupo de personas sigue a Cristo se establece entre ellos una unión especial, fruto de la libertad vivida en el amor. Lo grande del ser humano no es que sea libre, sino en cómo vive esa libertad. Se nos ha dado la libertad para vivirla al servicio del amor, que es lo más grande. Cuando se ama a alguien la libertad se expresa en la unión. Donde no hay amor la libertad se expresa en la dispersión. El Evangelio de este domingo nos da un mensaje de unidad y colaboración entorno a Pedro en la tarea apostólica. Leer más de esta entrada

Evangelio del II Domingo de Pascua, 28 de abril de 2019


San Juan 20,19-31

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. El les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”. Tomas respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”.
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Cristo Resucitado con sus reiteradas apariciones muestra, una vez más, su entrañable misericordia hacia sus discípulos tan necesitados de ser fortalecidos y confirmados en la fe en la Resurrección, para que luego sean sus testigos y puedan anunciarle al mundo entero.

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana”. La institución del primer día de la semana como Día del Señor, como domingo, en sustitución del venerable sábado, tuvo lugar a causa de estos encuentros con El Señor Resucitado. Leer más de esta entrada

7 cosas que quizá no sabias de la Divina Misericordia

VIDEOCATEQUESIS: Evangelio del II Domingo de Pascua, de la Divina Misericordia, 28 de abril

El Sacramento de la Reconciliación


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Los cristianos estamos llamados a la santidad; para ello hay que vivir en gracia de Dios; pero podemos perder la gracia bautismal por el pecado mortal, que mata la vida sobrenatural del alma y rompe la amistad y la comunión con Dios. El pecado, como explica el Papa Juan Pablo II, es un acto suicida, porque ante todo, el hombre se daña a sí mismo, destruyendo toda obra buena.

El Señor Jesús ha instituido el sacramento de la penitencia, que se llama también y muy adecuadamente “Sacramento de la Reconciliación” o Confesión, para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo y abrirnos así la puerta a la reconciliación con Dios.

Jesucristo, por ser Dios, tiene poder para perdonar los pecados, y dio este poder a los Apóstoles y sus sucesores en el sacerdocio, quienes actúan “en la persona de Cristo”; o sea que, de hecho, es el mismo Jesucristo el que perdona por el misterio del sacerdote.

¿Qué es el sacramento de la reconciliación? Leer más de esta entrada

Mensaje Pascual y Bendición “Urbi et Orbi” por el Papa Francisco. Domingo de Resurrección


A las 12 horas de este 21 de abril, desde el balcón central de la Basílica Vaticana, el Santo Padre Francisco dirigió su mensaje de Pascua y la bendición “Urbi et Orbi” a todas las personas presentes en la Plaza de San Pedro y a cuantos siguieron la celebración a través de la radio, la televisión y las nuevas tecnologías. “La resurrección de Cristo es el comienzo de una nueva vida para todos los hombres y mujeres, porque la verdadera renovación comienza siempre desde el corazón, desde la conciencia”, recordó el Papa a todas las personas del mundo.

SABANA SANTA

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