La Prelatura de Moyobamba

Iglesia católica en la selva amazónica de la Región San Martín (Perú)

Archivos en la Categoría: Virgen María

EVANGELIO DEL DOMINGO 29º Ordinario, 22 de octubre de 2017


Mateo 22,15-21

Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones.
Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie.
Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”.
Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa?
Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”. Ellos le presentaron un denario.
Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”.
Le respondieron: “Del César”. Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Los fariseos convienen en proponer a Jesús una cuestión capciosa, en materia gravísima, de orden constitucional y político, si es lícito pagar el tributo que los emperadores romanos habían impuesto al pueblo judío. Un tributo es una señal de sumisión y vasallaje, que el pueblo de Dios, a lo menos en principio y fundándose en la naturaleza de su constitución teocrática y en las mismas promesas de Dios, no quiso rendir jamás a ningún otro pueblo sino por la pura fuerza. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 28º Ordinario, 15 de octubre de 2017


Mateo 22,1-14

«Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo:
“El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. ‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos”».

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas. Por medio de esta parábola nos invita al banquete del Reino. La parábola del banquete de bodas es una alegoría en la que se nos da una lección: el rey es Dios; el banquete de bodas es la felicidad del cielo, ya que el novio es el Hijo del Rey, el Mesías, el Hijo de Dios; los enviados son los profetas y los Apóstoles; los invitados que no aceptan la invitación son el pueblo de Israel;  los que son llamados de los caminos son los pecadores y los paganos; el incendio de la ciudad es la ruina de Jerusalén; el invitado que acude al banquete sin el traje de fiesta es el que responde a Dios sin las obras de la caridad que deben acompañar  a la fe. Leer más de esta entrada

NUETRA SEÑORA DEL ROSARIO


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“Nuestra Señora del Rosario o Virgen del Rosario es una advocación mariana venerada en la Iglesia católica, quien celebra el 7 de octubre la fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Santísimo Rosario.
Historia
Cuenta la leyenda que la Virgen se apareció en 1208 a Santo Domingo de Guzmán en una capilla del monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, le enseñó a rezarlo y le dijo que lo predicara entre los hombres; además, le ofreció diferentes promesas referentes al rosario. El santo se lo enseñó a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya victoria se atribuyó a la Virgen. Por ello, Montfort erigió la primera capilla dedicada a la imagen. En el siglo XV su devoción había decaído, por lo que nuevamente la imagen se apareció al beato Alano de la Rupe, le pidió que la reviviera, que recogiera en un libro todos los milagros llevados a cabo por el rosario y le recordó las promesas que siglos atrás dio a Santo Domingo.En el siglo XVI, San Pío V instauró su fecha el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto (atribuida a la imagen), denominándola Nuestra Señora de las Victorias; además, agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos. Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de su festividad al de Nuestra Señora del Rosario. A causa de la victoria en la batalla de Temesvár en 1716, atribuida por Clemente XI a la imagen, el papa ordenó que su fiesta se celebrase por la Iglesia universal. León XIII, cuya devoción por esta advocación hizo que fuera apodado el Papa del Rosario, escribió unas encíclicas referentes al rosario, consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de Reina de Santísimo Rosario en la letanía de la Virgen. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 27º Ordinario, 8 de octubre de 2017


Mateo 21,33-43

«Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: “A mi hijo le respetarán.” Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.” Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: –La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?– Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

La parábola de Jesús en el evangelio de este domingo es una alegoría en la que cada rasgo tiene su significación: el propietario es Dios; la viña,  el pueblo elegido de Israel; los criados, los profetas; el hijo es Jesús, muerto fuera de las murallas de Jerusalén; los viñadores homicidas, los judíos infieles; el otro pueblo al que se le dará la viña, los paganos. La parábola tiene como objeto denunciar la reprobación del antiguo pueblo de Dios, por su manifiesta oposición a la autoridad divina. Jesús indica aquí los bienes inmensos dispensados a Israel, la respuesta negativa de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y la profecía sobre su propia muerte a manos de los mismos. Es como un resumen de la historia  de la salvación. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 26º Ordinario, 01 de octubre de 2017


Mateo 21,28-32

¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.” Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» -«El primero»- le dicen. Díceles Jesús: «En verdad les digo que los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él».

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

En el Evangelio de este domingo el Señor retoma una tradición que viene del Antiguo Testamento: la temática de los dos hermanos; uno que asegura querer cumplir la voluntad del padre, pero no lo hace; el segundo  que se niega a la petición del padre, pero luego se arrepiente y cumple su voluntad.  Aquí se trata de la relación entre pecadores y fariseos, también aquí el texto se convierte en una llamada a dar un nuevo sí al Padre que nos llama.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: ¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos”.

Jesús como excelente pedagogo procede a menudo con preguntas para provocar una reflexión personal. Admiramos esta actitud del Señor, que quiere que cada uno de nosotros contribuyamos a nuestra propia salvación.

“¿Quién es este hombre, sino Dios, creador de los hombres, que prefiere le amen como Padre, que no le teman cono Señor?” (San Juan Crisóstomo).

Con esta parábola Jesús nos habla del rechazo que los dirigentes del pueblo judío hacen de su persona como el Mesías de Dios, pues creían que con pertenecer al pueblo elegido ya estaba todo hecho y conseguido, mientras que los llamados pecadores hallan en Él el camino de la salvación. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 25º Ordinario, 24 de septiembre de 2017


Mateo 20,1-16a

Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’. Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’. El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola»: Con la parábola de los trabajadores de la viña se completa la enseñanza de Jesús acerca de la recompensa que reciben los que han dejado todo para seguirle.

El Pueblo de Dios está representado en los obreros de la viña, de los que habla el Evangelio de Mateo: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario, que al amanecer salió  a contratar trabajadores  para su viña. Después de contratar a los trabajadores por un denario al día, los mandó a su viña».

La parábola evangélica despliega ante nuestra mirada la inmensidad de la viña del Señor y la multitud de personas, hombres y mujeres, que son llamadas por Él y enviadas para que tengan trabajo en ella. La viña es el mundo entero, que debe ser transformado según el designio divino en vista de la venida definitiva del Reino de Dios, es el pueblo escogido, es el lugar de la Alianza. Y el Señor quiere introducirnos en su hacienda, en su gozo, en su alegría. Leer más de esta entrada

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES


La Dolorosa copy

Los siete dolores de la Santísima Virgen que han suscitado mayor devoción son: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, los tres días que Jesús estuvo perdido, el encuentro con Jesús llevando la Cruz, su Muerte en el Calvario, el Descendimiento, la colocación en el sepulcro.

Simeón había anunciado previamente a la Madre la oposición que iba a suscitar su Hijo, el Redentor. Cuando ella, a los cuarenta días de nacido ofreció a su Hijo a Dios en el Templo, dijo Simeón: “Este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán y a ti misma una espada te atravesará el alma” (Lc 2,34). LEER MAS…

FUENTE: http://www.ewtn.com

EVANGELIO DEL DOMINGO 24º Ordinario, 17 de septiembre de 2017


Mateo 18,21-35

Entonces se adelantó Pedro y le dijo: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré todo”. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes’. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: ‘Dame un plazo y te pagaré la deuda’. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: ‘¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?’. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

El Señor nos manifiesta el espíritu de perdón que debe reinar en la Iglesia, entre todos sus miembros.

“En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: Señor si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?”.

El Apóstol Pedro quiere saber cuál es el pensamiento  de Jesús en este tema tan vital para la humanidad como es el perdón. Cuál es el límite y la extensión del perdón.

“Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

Siete es la cifra perfecta, multiplicada por sí misma, indica el infinito. Con esta respuesta el Señor nos dice claramente que el verdadero perdón no está sometido ni a tarifas ni a medidas. El perdón ha de ser amplio, constante, incansable. La única medida válida en el perdón es la que ha utilizado Dios con nosotros, con cada uno de nosotros. Dios nos perdona sin tasas ni condiciones, sin esperar recompensa alguna, sin pedir razones ni explicaciones. La medida del perdón es el perdón sin medida.

Con una audaz confianza hemos de orar a nuestro Padre, reconociéndonos pecadores ante Él,  Suplicándole que tenga misericordia de nosotros que no dejamos de pecar. Nuestra esperanza es firme porque, en su Hijo, tenemos la redención, la remisión de nuestros pecados. El signo eficaz e indudable de su perdón lo encontramos en el sacramento de la reconciliación. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 23º Ordinario, 10 de septiembre de 2017


Mateo 18,15-20

Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos”.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

En el Evangelio de este domingo San Mateo nos manifiesta lo que Jesús dice al respecto del comportamiento que ha de tener la comunidad cristiana con un miembro pecador. La Iglesia no es una comunidad formada por personas perfectas. Por eso, Jesús ha previsto y ha establecido una serie de actitudes  a tomar en cuenta en casos de corrección fraterna, que es una de las obras de misericordia.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano”.

Amar al prójimo no significa callar o dejarle que siga por mal camino, al contrario significa saber decirle una palabra de amonestación y corrección para que no empeore y vuelva al buen camino. El hermano que ha notado el error en otro hermano ha de dar el primer paso. Primero que no se desentienda de él, que le ayude. Que le llame al perdón y que actúe con él de manera que no se desanime. Que le ayude a reincorporarse en la comunidad. Pero éste será discreto. A solas los dos para que el error no transcienda, en lo posible, y el hermano pecador pueda conservar su reputación y su honor.

¿Somos nosotros delicados como lo es Jesús… o nos apresuramos a publicar los defectos de los demás?

¿Cuando hablamos de los demás es para salvarlos y ganarlos, o destruirlos y hundirlos más todavía? Leer más de esta entrada

LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA


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“Hoy nace una clara estrella, tan divina y celestial, que con ser estrella, es tal, que el mismo Sol nace de ella. De Ana y de Joaquín, oriente de aquella estrella divina, sale su luz clara y digna de ser pura eternamente: el alba más clara y bella no le puede ser igual, que, en con ser estrella, es tal, que el mismo Sol nace de ella. No le iguala lumbre alguna de cuantas bordan el cielo, porque es el humilde suelo de sus pies la blanca luna: nace en el suelo tan bella y con luz tan celestial, que, con ser estrella, es tal, que el mismo Sol nace de ella”.

Así canta el himno de Laudes de esta fiesta. Y el de vísperas no es menos encantador: “Canten hoy, pues nacéis Vos, los ángeles, gran Señora, y ensáyense desde ahora, para cuando nazca Dios. Canten hoy, pues a ver vienen, nacida su Reina bella, que el fruto que esperan de ella es por quien la gracia tienen. Digan, Señora, de Vos, que habéis de ser su Señora, y ensáyense, desde ahora, para cuando nazca Dios”. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 22º Ordinario, 3 de septiembre de 2017


Mateo 16,21-27

A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades judías, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley lo iban a hacer sufrir mucho, que incluso debía ser ejecutado y que resucitaría al tercer día. Pedro lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas.»Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.» Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo? Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

En un momento crucial, cuando Jesús acaba de obtener de sus discípulos la primera profesión de fe en su divinidad, el Señor anuncia por primera vez a sus testigos su pasión, muerte y resurrección. El mesianismo que soñaba Pedro y los discípulos  no contemplaba lo que Jesús les va a decir: “Empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por causa de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día”. Al glorioso papel del Mesías, une el, doloroso papel del Siervo sufriente. El verdadero Mesías es éste. Es Jesús mismo quien explica quién es Él. Sólo Él conoce su propio misterio, su verdadera identidad. Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús porque su pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación.

Este anuncio siembra el desconcierto en los discípulos, la decepción y el rechazo. Ni siquiera el anuncio de la resurrección les tranquiliza. Y es el apóstol Pedro el que lo manifiesta en nombre de todos. “Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo. ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no te puede pasar”. En la mentalidad de san Pedro no cabe la idea del fracaso de Jesús. Para él Jesús es un Mesías victorioso por la fuerza humana, que debe ser reconocido por todos. Su misión no puede acabar con la muerte. No había entendido todavía que el Señor debía sufrir y morir.

Sabemos y vemos que también hoy,  nosotros los cristianos, llevamos aparte al Señor para decirle: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no te puede pasar.” Y como dudamos de que Dios lo quiera impedir, tratamos de evitarlo nosotros mismos con todas nuestras fuerzas. Nuestro problema es que seguimos pensando según los criterios de este mundo y no según Dios.

“Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Jesús dirige a Pedro las palabras más duras del evangelio, semejantes a las usadas para expulsar a los demonios, las más duras que se puedan decir a un hombre. Pedro se convierte en tropiezo, en obstáculo, en tentación, como si asumiera el papel de Satanás, porque quiere alejarle de su pasión. Le quedaba mucho por madurar. Todavía su pensamiento era muy mundano. Por eso, el Señor le increpa y le invita a tomar la actitud del verdadero discípulo: seguir al Maestro en el camino que éste ha de recorrer. Leer más de esta entrada

EVANGELIO DEL DOMINGO 21º Ordinario, 27 de agosto de 2017


Mateo 16,13-20

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

COMENTARIO

por Mons. Rafael Escudero López-Brea
obispo prelado de Moyobamba

Jesús conversa con  sus discípulos sobre la opinión que la gente y ellos mismos tienen de Él y va a recibir la declaración de Pedro.

Del trato amistoso del Señor con sus discípulos surgieron preguntas: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”. Puede haber un conocimiento externo de Jesús, que es insuficiente para creer en Él, amarle, seguirle…

Ellos contestaron: Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros, Jeremías o uno de los  profetas”. Las opiniones de la “gente” tienen en común que sitúan a Jesús en la categoría de los profetas, son aproximaciones al misterio de Jesús, pero no llegan a la verdadera naturaleza de Jesús. Se aproximan a Él desde el pasado, no desde su ser mismo. Se trata de un conocimiento que no lleva a una relación personal con Él ni a un compromiso de vida definitivo. Leer más de esta entrada

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