En este IV Domingo de Pascua, Monseñor Rafael Escudero López-Brea, Obispo de la Prelatura de Moyobamba, presidirá la Celebración Eucarística en la Catedral de Moyobamba.

Jesús no se presenta como el anunciador de un Reino difuso, que tenga su sede en el interior de las conciencias, ni predica una religión intimista e individualista. Al contrario, sus seguidores constituirán un pueblo nuevo, elegido y llamado de entre todos los pueblos de la tierra, pero unido en torno a Él, como las ovejas en torno al Pastor. Esta imagen del rebaño designa a los que le siguen.
“En aquel tiempo, dijo Jesús: Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido”; Jesús opone los falsos pastores, éstos son los que pretenden pastorear y guiar a los demás sin tener para ello mandato, al verdadero pastor.
“Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas”. Jesús da aquí la pauta para los pastores de su rebaño después de su ascensión al Padre. Uno es buen pastor cuando entra a través de Jesús, que es la puerta, “en el corral de la ovejas”. Las ovejas siempre le pertenecen sólo a Él. Al corral de las ovejas el discípulo-pastor accede por el amor incondicional al Pastor, que le hace uno con Él, y a las ovejas, a las que no considera suyas, sino como el rebaño del Señor.
“A éste le abre el guardián, y las ovejas escuchan su voz, y él va llamando por su nombre a las ovejas y las saca fuera”. Las ovejas conocen la voz del pastor porque le pertenecen, son suyas y Él conoce perfectamente a sus ovejas por su nombre. Jesús nosconoce por nuestro nombre, nos sabe de memoria, todo lo nuestro, también nuestros pecados, y, a pesar de todo, nos ama personalmente a cada uno, como si solo existiéramos cada uno. Ambos, Pastor y ovejas, se pertenecen en ese conocerse, aceptarse y amarse mutuamente.
Cuando el discípulo-pastor se acerca a las ovejas unido al amor de Cristo, las ovejas escuchan también su voz, que es la voz de Jesús mismo. No siguen al pastor, sino a Jesús. Jesús nos conduce hacia la felicidad, hacia la verdadera expansión, hacia los verdaderos alimentos.
¡Que Dios envíe a su santa Iglesia muchos pastores que tengan la voz inconfundible de Jesús!
“Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. La vida cristiana no es otra cosa que seguir a Jesús, imitar a Jesús, hacer todo como Él, escuchar su voz, meditar con amor su palabra, tratar con Él de las cosas de mi vida.
También el discípulo que ha sido llamado a ser pastor, que camina delante de las ovejas, debe seguir a Jesús. El pastor al servicio de Jesús no debe sujetar a las personas a él mismo, a su pequeño yo. Él y las ovejas que le han sido encomendadas deben introducirse juntos en el amor de Dios, han de encontrarse en el amor de Dios.
“Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon”. Por Cristo-Puerta entramos en el redil de la Iglesia, por Cristo-Pastor son constituidos los pastores en la Iglesia. Él da la fe, la gracia y la vocación a la dignidad de pastor. Cristo abre a la humanidad un nuevo horizonte. Fuera de Él estamos perdidos, encerrados en nosotros mismos. Sólo Cristo nos saca del dominio de Satanás y nos introduce en el ámbito de Dios. Él es la puerta para entrar en ese espacio infinito y eterno.
“Yo soy la puerta”. Por Cristo entramos todos en el Reino, pastores y ovejas, fieles y jerarquía; “quien entra por mí se salvará”; bajo la protección de Dios estaremos a salvo de toda incursión maligna; “y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”; se expresa así la facilidad, la seguridad, la abundancia de la vida espiritual que por la doctrina y los sacramentos nos dará el Buen Pastor.
“El ladrón no entra sino para robar y matar y destruir”; el ladrón ve las ovejas como algo de su propiedad, que posee y de las que se aprovecha para sus propios intereses. El ladrón vive para sí mismo. Para los egoístas las personas son sólo cosas que se poseen.
“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. El verdadero pastor no quita la vida, sino que la da entregándose a sí mismo. Para el pastor las personas son creadas por Dios, imágenes de Dios, son seres libres para ser amados. El Pastor es su propietario por el hecho de que las conoce y las ama y quiere que vivan en la libertad de la verdad.
Esta es la gran promesa de Jesús: dar vida en abundancia. Esta vida que el Hijo comunica a los hombres es mucho más que la vida natural, es la vida trascendente del mundo superior. Es la vida eterna, es la salvación misma, la condición de quien está salvado. Los hombres venimos a este mundo privados de esta vida, creemos vivir, pero estamos muertos mientras no recibamos la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en el Bautismo y pasemos de la muerte del pecado a la vida de Dios.
Esta vida consiste en ser liberados, por la muerte y resurrección de Cristo, de todo pecado y de la muerte eterna; consiste en alimentarse del Señor, de su Palabra en la Sagrada Escritura, de su Cuerpo en la Eucaristía, de su Amor y de su Verdad.
¡Que tengamos, Señor, vida abundante!
