Destacado Seminario Mayor y Menor

“No por tus méritos, sino por mi misericordia”: Iván Saucedo Quispe comparte su camino vocacional hacia el Diaconado

A pocos días de recibir el ministerio del Diaconado, Iván Saucedo Quispe comparte el testimonio de su camino de fe y vocación, desde sus primeros años de vida, su paso por el Seminario Menor de Moyobamba y el proceso de discernimiento que lo llevó, después de ocho años de formación, a disponerse para este nuevo servicio a la Iglesia.

> Santuario Virgen de la Natividad de Tabalosos recibió peregrinación de la ODEC Moyobamba
> Anuncian gran Marcha por la Vida Moyobamba 2026

​Este 22 de agosto, en unos días, el Señor ha tenido en bien llamarme al Diaconado. Subiré las gradas del altar sabiéndome indigno pero amado. Estos últimos días han sido de nervios, pero he visto claro el mensaje de Jesús: «No por tus méritos, sino por mi misericordia; agárrate a mí, confía en mí y verás cosas más grandes».

El susurro divino que atraviesa los siglos

Cuando uno abre la Biblia y la lee con atención, puede escuchar el susurro divino que pasa por todos los siglos, épocas y lugares escogiendo distintas personas para una misión, pero sobre todo para tener una relación más profunda con Él. Me siento parte de esa cadena de hombres que, sin mérito propio, fueron escogidos y llamados. Cadena que, por cierto, inicia hace siglos y que continuará hasta que Jesucristo sea todo en todos y estos siglos lleguen a su fin.

Los primeros pasos de una vocación

​Me llamo Iván Saucedo Quispe. Por misericordia Divina y designios por mí desconocidos, yo también escuché el susurro divino. Mi historia con Jesús inicia desde mis primeros años de vida. Nací y crecí en una familia católica. Jesús supo tocar mi corazón de niño y mostrarme muy claro que me quería para ser su sacerdote, y esa convicción me acompañó durante los primeros años de vida. A los 11 años entré en el Seminario Menor de Moyobamba. Aunque Jesús seguía ahí, no supe reconocerle; sin mirarle a Él, el seminario perdió sentido y brillo para mí. Al terminar mi segundo año, salí con ansias de saciar mi sed de felicidad en lo que no sacia: «Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua» (Jr 2, 13).

TE PUEDE INTERESAR:  León XIV regresa al Perú: Santa Sede confirma Visita Apostólica del 11 al 17 de noviembre
María, camino hacia su Hijo

​En esta etapa de mi vida que iniciaba objetivamente mal, alejándome de Jesús, huyendo de su voz, apareció María. Ella supo conducir mi rumbo con tacto femenino. Esa dulzura materna fue capaz de acercarme poco a poco a su Hijo. Primero a la misa, luego a Juventud Misionera de María, donde conocí al que hizo el papel de Juan Bautista en mi vida, señalarme a Jesús: al P. Jaime Ruiz del Castillo Ubach, al que estoy profundamente agradecido por todo lo que hizo con su predicación y consejos. Mientras la Dulce Señora me acercaba más y más a su Hijo, el susurro divino, la llamada de Dios, volvía a dejarse oír, muy a mi pesar.

El momento decisivo del discernimiento

​Ya en 2017, mientras estaba en la Universidad iniciando mi carrera universitaria, hice Ejercicios Espirituales como todos los años. Pero algo fue distinto: Jesús vio llegado el momento de tocar más profundo. San Agustín expresa muy bien lo que creo sentí al decir: «Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste tu fragancia y respiré, y ya suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz». Me chocó, me cambió los planes; Jesús hizo y deshizo en un momento esos planes que me había forjado. Supe que no tenía que negar nada al que dio todo por mí. Y supe que lo tenía que hacer en ese momento, antes de que el maligno robe la semilla que Dios sembró. Hice un proceso de discernimiento junto a mi actual Padre Espiritual, el P. Wenceslao Carlos, al que agradezco un montón por la guía en este camino vocacional que era desconocido para mí. Luego de 8 años de formación, donde hubo de todo (forcejeos de mi parte, consuelos y correcciones por parte de Jesús), llegué a finalizar mi proceso de formación. Este año fui destinado junto a Madre; la dulce Señora me quiso en su casa, junto a ella. Fui destinado al Santuario Virgen de la Natividad de Tabalosos, donde actualmente intento ser fiel a todos los regalos que Jesús me está dando en este tiempo.

“Subiré las gradas del altar sabiéndome indigno pero amado”
Fotos